Principio de incertidumbre

El circo de Wert, Mas y la oposición

Había una vez un circo. Con su pista circular, sus gradas, sus leones en la entrada, sus (des) ilusionistas y, si no con payasos, sí con payasadas. Era un circo tétrico donde el público no se reía, asistía mustio y quizá estupefacto a la función. Aunque no por eso los artistas dejaban de actuar. De hecho, se jaleaban a sí mismos y se sentían brillantes hombres del Estado circense. Sentían que lo hacían tan bien que el espectáculo debía continuar... Aunque nadie aplaudiese.

En ese patetismo, competían por sacar conejos muertos de la chistera, por hacer la pirueta más grotesca o gritar el chiste más inoportuno alzándose sobre el griterío funambulesco de sus colegas. Y en ese espectáculo vociferante, a veces el infortunio dejaba a un pobre infeliz gritando en soledad en la inmensidad de un gélido silencio, inoportuno y casual. Entonces sus colegas cesaban en sus volteretas para mirarse estupefactos, casi hartos de vivir, haciendo gestos reprobatorios, indignados con tanta e intolerable bajeza.

Así, más o menos, se quedó el ministro Wert cuando dijo que iba a "españolizar a los niños catalanes". El mensaje quedó tan redondo que la oposición socialista, afónica con sus propias tonterías, simuló desmayos hasta presentar una reprobación en las Cortes. Y se va a apuntar a la fiesta casi toda la oposición; no es para menos: las elecciones catalanas están a la vuelta de la esquina.

Pobre ministro Wert. Le sonrojan los mofletes por cumplir con el guión: hinchar el pecho español para no hablar de sus recortes mientras Artur Mas marca cacha torácica catalana para no mencionar sus propios tijeretazos. Desdichado Wert, que habiendo hecho méritos de sobra para tener marcada la huella de un zapato en la porción del pantalón que cubre sus nalgas, se encuentra ahora ante un intento de golpe de reprobación circense por una tontería.

Él que ha recortado becas; él que ha suprimido asignaturas amparándose en libros de texto que en realidad no lo eran; él que ha subido el precio de las tasas universitarias hasta un 60%; él, que hubiera provocado una revolución  estudiantil en cualquier país deswertizado, es ahora puesto en la picota por lo mismo que va a llevar a Artur Mas a ganar unas elecciones: agitar el trapo de la patria. Y es que las estrategias para crear nación de Wert y Mas coinciden. Saben perfectamente que nunca se siente tan dentro la patria como cuando ésta te cobra por el tupper. Entonces te acuerdas de ella. Y de su madre. Qué bochorno.

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