Principio de incertidumbre

La ‘rusiandad’ del PSOE

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No hay moscovita que sea más ruso que el PSOE en la oposición. Sus consignas y letras programáticas adquieren impronunciabilidad cirílica nada más verse despojadas del calor de la calefacción centralizada de Moncloa. Es salir a la calle y saberles el alma a vodka y el aliento a socialismo (algunos dudan, entre ellos usted, malvado lector, de si no será al revés). Eso sí, una vez de vuelta al poder, el Palacio de Invierno suele sufrir de extrañas melancolías atmosféricas que le hacen retroceder una estación: se instala allí, como un suspiro, un inoportuno otoño que deshoja el puño y la rosa. Al otro lado de la valla, Moncloa es siempre La Casa Blanca, el Reichstag de Merkel o una sucursal del Banco Santander a la que se accede sólo con los botines bien lustrados. ¿Es o no es un arte eso de saltar de las barricadas a las mariscadas con la graciosa plasticidad de un bailarín del Bolshoi?

El PSOE ha hecho de la bipolaridad no tanto una enfermedad como una lustrosa (y exitosa) ideología política. Para no desenterrar piruetas añejas (recordemos la OTAN o Maastricht), veamos la gloriosa semana que ha dado. La Gloriosa Semana, con sus mayúsculas, como será conocida en adelante, de cuando el PSOE se acordó de que el Estado puede hacer algo ante tanta miseria.

Otra vez Palacio de Invierno. Ahí han tenido a Rubalcaba, ‘El amortizado’, acompañado entre otros de dos ex ministros –uno de ellos, no se lo pierdan, de Trabajo-, presentando un plan de intervención masiva del Estado para contener la sangría del paro. Dotado de 30.000 millones de euros, nada menos. A ver si el PP le dice que sí. Y es que claro, los actuales seis millones de parados son inasumibles, y no los cinco que vagaban fantasmales por las filas del INEM cuando el PSOE estaba en el Gobierno y tenía todo el poder para hacer algo... Ya digo, año y medio después, amenaza con ponerse tan ruso que hasta el presidente extremeño Monago podría militar en el partido sin ruborizarse.

Qué discurso contra los despidos, oigan. "Estimular el empleo", oigan, como si fuera un punto G que sólo se encuentra en la oposición (y es que dicen que tiene forma de botoncito). "Una moratoria de los despidos por causas económicas" y "revisar la reforma laboral" del PP, oigan de nuevo; cuando el PSOE aprobó en 2010 una reforma laboral que generalizaba el contrato con indemnización de 33 días (en lugar de 45) y daba la posibilidad de despedir con 20 cuando una empresa tuviese pérdidas o previera tan sólo tenerlas.

Qué discurso contra los desahucios. Lástima que hubiera cientos de miles durante el Gobierno del PSOE y lo más que se hizo fue rechazar la dación en pago y habilitar nuevos juzgados para acelerar que echaran a la gente de sus casas.

Por no hablar del discursito contra la austeridad. Que ya da la risa si uno se acuerda del pacto alcanzado con el PP para supeditar constitucionalmente cualquier política de gasto social al límite de déficit.

Y sí, sé lo que están pensando... Que el PP es peor, ¿verdad? Más dañino en sus políticas de desmantelamiento del Estado de Bienestar y que le estamos sufriendo más que nunca, desatado y sin bozal. Ustedes lo saben y yo lo sé. Y lo saben también los dirigentes del PSOE, que viven de eso desde que el mundo post Tejero es mundo. Pero, ¿y si por una vez se optara por algo mejor y no menos malo? Quizás nos esté faltando imaginación.

                Y unas líneas para Talegón

El artículo ya ha acabado. Pero no me resisto. Reconozco que esta semana me he enganchado al buró de Ferraz y aledaños. No pude evitarlo y me adentré en su muñeca rusa con el morbo de quien mira una película de miedo. Comencé desenroscando la despoblada cabellera de Rubalcaba y me encontré con su cúpula, y abriendo esas cabecitas me encontré con la más pequeña: Beatriz Talegón, a quien no desenroscaremos la cabeza por si al ser la última no es desmontable y por si ustedes sienten angustia ante la posibilidad de hallar espacios diáfanos y abiertos. Sólo diremos que, en su opinión, detrás de los miembros del 15-M "puede estar la derecha" y que les acusa de "estar en contra del sistema" a la par que lamenta que el PSOE abandonase el marxismo. Sí, amigos, no sean mirlos y no pierdan de vista a la nueva mirlo socialista. Pueden estar ante la futura presidenta del Gobierno. Alguien que les baje en el futuro la indemnización por despido o indulte a algún banquero condenado mientras canta, Lacoste en mano, ‘La Internacional’.

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