Principio de incertidumbre

La beca de vampiro de Wert

nosferaty

Wertgüenza, SinWertgüenza, Wertedero... Los juegos de palabras que se han creado en la calle con el apellido de José Ignacio Wert se han consolidado tanto en el imaginario popular que utilizar su nombre sin más casi parece un acto insolidario con el desbecariado, nueva clase social ideada por el ministro de Educación. Es como si la caricatura de prefijos y sufijos que se extienden como tumores por su apellido se hubiera apropiado del ser humano que habitara un día tras esa sonrisa con regusto a Nosferatu de FAES, lugar de culto donde conviven en alegre combinación los góticos adoradores de lo oscuro y las devotas plañideras de la Virgen del Rocío.

NosWeratu, Wertferatu, Werfaesratu...; casi puedo oír moverse los scrabbles de aire que componen los desbecariados, sujetos ociosos en junio, que no tienen exámenes porque son ya objetos de lujo impagables para el único país con un ministro de Educación al que le sobran universitarios. Una paradoja que se repite en cada ministerio, por cierto: a la ministra de Empleo le sobran empleados (reforma laboral), al ministro de Justicia le sobran demandantes de justicia (que elimina vía tasas), al de Industria le sobran industrias y, caso aparte es la ministra de Sanidad, a quien le sobran médicos, jaguars, confeti y rostro. Y es que ya saben que el modelo de país buscado por el Gobierno es aquel en el que cada mañana se desata una guerra civil entre camareros y bedeles que se matan entre sí por empleos mal pagados: el milagro de lo que el PP llama en Bruselas devaluación interna.

Volviendo a Wert, es curioso que, en esta España devaluada, sea precisamente el maleducado ministro de Educación quien ponga en duda que si un alumno (pobre, se entiende) no es capaz de sacar un 6,5 debería no ya perder su beca, sino plantearse si debe estar en la universidad. Bien, pues quitarle su beca, es una forma de echarle (340.000 estudiantes se quedarían sin beca si decide finalmente aplicar el requisito). Ahora se lo piensa, promete rectificar esa nota que anhela, pero sus intenciones ya han quedado demostradas al subir las tasas universitarias en más de un 16% de media en tiempos de crisis galopante y con unas tasas de paro insoportables. El concepto de alumno brillante de Wert parece tener más que ver con la renta de sus padres que con el esfuerzo.

¿Y si aplicáramos esos criterios de excelencia a Wert? Sólo cabe decir que su nota como ministro, según los sondeos del CIS, es de 1,76 puntos. Muy deficiente. Wertdeficiente. Es el peor valorado, el alumno menos capacitado de una clase que ya viene con el talento justo. El que mejor oposita para ser exministro. Alguien con esa valoración y talante debería plantearse no ya estar en un Gobierno sino, dadas sus declaraciones, estar en cualquier lugar extramuros del zoológico más cercano: pues es un elefante en medio del laboratorio de cerebros del país. Estudiantes de España, quítenle la beca de ministro-vampiro a Wert.

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