Sombreros de colores

Sin VIOLENCIA etarra, más SALUD a la vista

La violencia es un problema de salud pública. La violencia colectiva (definida por la OMS como el uso instrumental de la violencia por gente que se identifica a sí misma como miembros de un grupo, con otro grupo, con el fin de conseguir determinados objetivos políticos, económicos y sociales) se asocia a una pérdida considerable de salud en las víctimas estudiadas, en un estudio realizado por el equipo ISAVIC. La violencia también afecta a los servicios sanitarios y además aumenta la mortalidad, morbilidad y discapacidad, genera un contexto de miedo y ansiedad que hace muy frecuentes los trastornos psicopatológicos, altera gravemente el funcionamiento de los servicios sanitarios y produce importantes daños sociales, políticos y económicos, efectos que son, además, especialmente intensos cuando el fenómeno se produce de manera crónica en una comunidad.

La historia del terrorismo moderno se inició en España en 1938 y ha estado vinculada fundamentalmente a organizaciones terroristas españolas (ETA, GRAPO, el GAL y la extrema derecha), así como a dos grupos islámicos fundamentalistas (Yihad islámica y Al Qaeda).  También han desarrollado estrategias de violencia psicológica que se caracterizan principalmente por la amenaza y el desprecio, la estigmatización y el control-vigilancia.

En el País Vasco, con buenos indicadores de salud (su esperanza de vida se sitúa, según el Eustat, entre las mayores del mundo y se prevé que llegue en 2020 a los 87,3 años para las mujeres y 81,2 para los hombres) se ha dado, hasta ahora, un clima de violencia colectiva de intensidad que podríamos considerar baja, pero con amenazas y extorsiones, revueltas y enfrentamientos callejeros, asesinatos y secuestros y atentados con explosivos contra personas y bienes y por tanto, con un mayor riesgo de psicopatología y peor calidad de vida. En un estudio realizado en el País Vasco, se ha podido comprobar que las víctimas primarias presentan mayor riesgo de padecer peor salud física y emocional y de sufrir alteraciones funcionales. También perciben una mayor soledad y estigma, y valoran negativamente el apoyo y el clima social (basado en el abuso emocional, amenaza y desprecio, junto a la estigmatización y el control-vigilancia). En concreto:

-         Mayor discapacidad y menor calidad de vida en las víctimas que la población general, con secuelas físicas(«En mi mente está la estancia… un mes en la UVI. Y fue muy grave, afectó a muchos órganos. Todas las especialidades quirúrgicas, ¡he pasado por todas! Y luego, la hospitalización domiciliaria y la convalecencia… se ha prolongado... hasta ahora. Es hasta ahora...»" , «Yo pensaba en algunos momentos, durante los primeros días que fueron ¡muy duros! Yo pensaba que no iba poder llegar al siguiente instante. Yo pensaba que cada minuto el dolor me iba a reventar. Porque la sensación de dolor es apabullante..." ), emocionales ( «Estuve con depresiones. Me metía en mi habitación y no quería saber nada. No me vestía; ni salía; ni comía...»y sociales de carácter crónico («Mira, ese es un hecho que nunca se olvida. ¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca! Ahora lo vives un poco más tranquilo, más reflexivo, pero ¡Nunca!... ¡Todos los días! ¡Todos! ¡Todos! ¡Todos! Todos los días lo recuerdas ¡Todos los días!... (...) y ¡Mucha rabia! ¡mucha rabia! ¡mucho dolor! y ¡mucha rabia! (…) ¡Es muy duro! ¡Es muy duro! A pesar del tiempo que ha pasado, esto lo tienes presente siempre. No se te olvida nunca. ¡Todos los días! Siempre tienes algún detalle").

-         Pérdida de las creencias básicas sobre uno mismo y el mundo, acompañada de la sensación de menor apoyo social y de un medio social más negativo y hostil. Encontramos graves consecuencias para el ambiente social, dado que puede causar ansiedad, depresión, estrés continuo, incertidumbre e importantes cambios en la vida diaria («Yo creo que cambió la forma de ver la vida.», «Hay un antes y un después», «Yo me quedé en este mundo como algo … Como una pluma que flota por ahí, que … que no tiene donde agarrarse…»)

-         Un volumen de carga de enfermedad considerable y persistente años después de ocurrida la violencia, asociado a un conjunto de factores psicosociales de aspecto negativo que podrían incidir en su estado de salud y dificultar su bienestar y recuperación.

-        Alto riesgo de presentar malestar físico y emocional (entre cuatro y siete veces superior al de la población general) es muy destacable y constituye una aportación clave del estudio. Otro estudio va en la misma línea: Las víctimas del terrorismo presentan mayores dificultades funcionales de orden fisiológico, emocional y social, que se manifiestan en una amplia variedad de secuelas, desde la depresión y la ansiedad hasta problemas con el sueño ("A mí, los gritos... se te quedan. Un continuo nerviosismo, cualquier ruido que oyes o cualquier tumulto te altera..."), trastornos digestivos, dolores de cabeza o reacciones alérgicas ("A mis problemas con el sueño se unió la aparición de reacciones alérgicas fortísimas que tardaron en desaparecer pese a ser tratadas con antihistamínicos. Yo creo que todo era producto de mi desorden psiquiátrico"). Todo ello consecuencia de una somatización de la violencia.

-         Riesgo ocho veces mayor que el de la población general, en la realización de actividades cotidianas, en la comunicación y la relación con otras personas, y en la participación social. A ello se añade mayor sensación de soledad y estigma, expresando en conjunto una serie de síntomas de orden psicosocial. Se estima que entre el 30% y el 60% de las personas expuestas a violencia ligada al terrorismo, pueden presentar "secuelas emocionales de moderadas a graves", además de "sentirse más solas" y percibir "un clima emocional más hostil". Relatan aislamiento, rechazo y estigma («Tienes como una fobia social al principio muy grande. Es más, una de mis hijas, la mayor, todavía no puede estar entre mucha gente, se agobia muchísimo y, bueno, hay muchísimos sitios por los que no puedes pasar…») .

-         La violencia colectiva puede lesionar el entorno social al debilitar los mecanismos de apoyo y protección para con sus miembros, además de llevar a un clima emocional dominado por el miedo, la inhibición y las creencias estereotipadas. La experiencia de violencia colectiva interfiere en la relación de las víctimas con su entorno. Otro estudio de expertos de Barcelona y Nueva York, han observado las vivencias de las víctimas y amenazados a la luz del concepto de "exclusión moral" ("incorporas actitudes que van desde ignorar a las víctimas o mostrar desconsideración por ellas, hasta la ejecución de violencia sistemática, pasando"), en la que algunas personas son percibidas como 'enemigas' o 'extrañas', por lo que pueden ser atacadas, o simplemente ignoradas, sin que la sociedad perciba que se ha cometido una injusticia («Mis compañeras me hicieron el vacío por ser víctima» ).

Por tanto, la «violencia colectiva», derivada de guerras, terrorismo, levantamientos, conflictos étnicos, religiosos o similares, luchas de bandas y extorsiones mafiosas, y en general toda agresión y extorsión realizada por un colectivo organizado contra otros grupos, civiles o militares, es una causa importante de enfermedad, mortalidad y de graves alteraciones psicológico-psiquiátrica, problemas emocionales y secuelas en la salud.

Existen estudios que relacionan los atentados terroristas con más probabilidad de ser un caso psiquiátrico y de que el atentado terrorista es factor de riesgo que afectará de por vida a las víctimas del mismo («... Sí, porque yo iba a trabajar, iba a trabajar y no podía»,«Nunca ha habido ningún apoyo, en ningún aspecto, por parte de la empresa.» ). Otra documentación habla de secuelas psicológicas como síndrome de estrés postraumático y de depresión («Yo lo único que creo es que lo que no te mata te hace más fuerte. De eso estoy casi convencida. Entonces, si de ésta sales... lo que sales es fortalecida. Eso sí está claro. Te hace ser mejor persona. Te hace ser... más comprensiva.» ).

La guía establecida por la Asociación Americana de Salud Pública que recomienda prevenir el terrorismo y sus consecuencias sobre la salud, plantea acciones como:      

  1. La promoción de políticas y programas dirigidos a abordar sus potenciales factores causales
  2. Proporcionar ayuda y proteger los derechos humanos de las poblaciones afectadas por el terrorismo
  3. Promover el uso de medios no violentos como forma de resolver conflictos y trabajar las necesidades de salud mental de las poblaciones afectadas
  4. Fortalecer la infraestructura de salud pública e informar y formar a los profesionales sanitarios y al público en la identificación, respuesta y prevención de las consecuencias del terrorismo sobre la salud
  5. Prevenir la discriminación y promover la competencia cultural, la formación en la diversidad, el dialogo entre las personas y la protección de los derechos humanos y las libertades civiles.

Es evidente que no hay país ni comunidad a salvo de la violencia, como dice la OMS en su interesante  informe sobre la violencia y la salud afirmando que la violencia no es inevitable y que es mucho lo que podemos hacer para arrostrarla y prevenirla.. Pero se ha relacionado positivamente la paz con salud, principalmente en lo que afecta a los/as niños/as. Por tanto INVERTIR en PAZ y NO VIOLENCIA, tiene efectos POSITIVOS y SALUDABLES