Sombreros de colores

Hechos: Leyes contra la salud, ante PALABRAS de los que presumen de política social

Contrastes entre lo que se ve desde una atalaya lejana a la realidad y lo que ve un médico que ve pacientes día a día o lo que ven los pacientes que deben de pagar por algunos servicios en un momento de crisis económica importante.

1. Rajoy en un acto de la FAES con Aznar presente hace unos días, presumía en de política social y de negar haber recortado el Estado del bienestar: "la sanidad es más universal que antes porque no hay copago sanitario sino farmacéutico y eso ya existía antes. Y ahora se paga en función de la renta". "Se atiende a los inmigrantes ilegales en unas condiciones al menos iguales que en otros países europeos". "Hay quien dice que la recuperación se ha hecho a costa de la política social y no es cierto". Sin comentarios

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2. Josep Basora, presidente de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria decía en El Mundo lo siguiente:

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Ignoro si en España, donde vamos camino de los 50 millones de habitantes, estamos casi todos en contra de las medidas legislativas que el Gobierno ha ido aprobando en los últimos años, entre ellas las que obligan por primera vez a pagar a los pensionistas por medicamentos. No sé pues cuántos millones somos contrarios a cualquier tipo de copago y si, en caso de ser muchos, que lo somos, esa circunstancia nos dará la razón como pensaba Elvis. En cualquier caso, lo que sí es seguro es que somos bastantes y durante mucho tiempo los que venimos alertando del riesgo que entrañan estas medidas y del error que supone pensar que estamos ante la única o la mejor opción para garantizar la sostenibilidad del sistema.

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Ahora que en las conversaciones sobre la actual crisis económica ya se ponen encima de la mesa algunos indicadores que -nos dicen- invitan a ser más optimistas, desde la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) hemos querido saber si el afán de ahorro o directamente la precariedad de parte de nuestra población puede acabar impactando sobre su consumo de medicamentos y, en consecuencia, sobre su salud. Y lo hemos hecho con una encuesta a más de 1.500 médicos de familia....

El resultado de la encuesta es, en algún aspecto, ciertamente alarmante: dos de cada tres pacientes (71%) empiezan a pedir medicamentos más baratos y, de hecho, uno de cada cuatro médicos percibe que tiene casos en la consulta que están dejando de tomar un fármaco por motivos económicos. Una decisión así no entraña el mismo riesgo según el tipo de fármaco reducido o eliminado. Sin embargo, la encuesta refleja que entre los grupos de medicamentos afectados destacan los hipotensores (11,2%), hipolipemiantes (9,2%) o antidiabéticos (6,1%). Son tratamientos indicados para reducir el riesgo cardiovascular, por lo que en ellos es preciso un buen cumplimiento. La hipertensión arterial, el colesterol alto o la diabetes deben estar bien controlados para evitar complicaciones graves como un infarto de miocardio o un ictus. No son los únicos, hay médicos que también sospechan en relación a otros grupos como los antibióticos, antidepresivos, antiagregantes plaquetarios o antipsicóticos.

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A tenor de las percepciones de los médicos no cabe quedarse de brazos cruzados. Parece obvio que tocar el bolsillo del paciente puede acabar teniendo consecuencias graves sobre la salud. No olvidemos que las consecuencias del copago, que afecta tanto a los fármacos de mayor valor y precio más alto como a los menos relevantes, acaban siempre por impactar en los segmentos sociales más desfavorecidos, aquellos que son más vulnerables por su escaso poder adquisitivo. Por eso es preciso recordar que ésta no es ni la mejor ni la única solución posible. Se pueden incrementar los ingresos implantando otras fórmulas, como impuestos indirectos sobre el tabaco o el alcohol, potenciado la capacidad resolutiva de los médicos de familia, eliminando duplicidades en pruebas diagnósticas, evitando una atención hospitalaria excesivamente cara, suprimiendo las tecnologías de pobre o nula coste-efectividad e incluso se puede hacer más en el ámbito de la desfinanciación de fármacos de baja utilidad terapéutica o trabajando la homogeneización de envases para cada principio activo.

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3. Los pacientes hablan y hablan de medidas "injustas" y "discriminatorias". Y sobre el copago se comenta que es un error al atentar contra la salud de los pacientes que necesitan dichos medicamentos y generar más barreras (por problemas económicos para los pacientes y sus familias) para conseguir un adecuado tratamiento, ya que penaliza el hecho de estar enfermos y pone en riesgo la salud (problemas de adherencia al tratamiento).

La Federación Española de Padres de Niños con Cáncer ha pedido que se exima a los menores de asumir el copago teniendo en cuenta su "vulnerabilidad".

La Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe) habla de que ello ha implicado "imponer nuevas barreras de entrada al Sistema Nacional de Salud (SNS)".

FACUA-Consumidores en Acción acusa de un "nuevo ataque" contra los enfermos que padecen enfermedades crónicas o graves.

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Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC), afirma que ampliar el copago farmacéutico a los medicamentos que se entregan en los hospitales en las denominadas unidades de pacientes externos es un error.

La Asociación Española contra el Cáncer, la Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama de Sevilla, la Federación de Asociación de Esclerosis Múltiple de Andalucía (Fedema), La Asociación Andaluza contra el vih/sida (ANCOVIH), la Federación andaluza ENLACE shan hablado de un recorte en los derechos de las personas enfermas con menos recursos, de ser "injusta", al "incurrir en un gasto extra para los pacientes". Afirman que "Parece que la persona que tiene posibilidades económicas tendrá más posibilidades de curarse que otra que no los tiene" y que es por tanto, "inaceptable" y que es signo de "una vergüenza de país donde al final pagan los más débiles".

recortes matan

Por tanto es la historia de las incoherencias: las palabras de unos y los hechos de otros y con ello un incremento del empobrecimiento de la población y de las desigualdades sociales. Además, provoca problemas de adherencia al tratamiento en muchos pacientes, lo que repercute negativamente en su salud y en su calidad de vida, generando a medio y largo plazo mayores costes sociosanitarios.