Opinion · Entre leones

Desde el Sur más abandonado

En la campaña de las elecciones legislativas de 1993 entrevisté en el palacio de La Moncloa al presidente del Gobierno y candidato socialista, Felipe González.

Después de una hora larga de entrevista, González se relajó, una de sus secretarias le puso sobre la mesa un paquete de Marlboro, se encendió un cigarrillo, aspiró profundamente la primera calada y me espetó: “Ahora vamos a hablar en serio de Cádiz”.

Casi a quemarropa, aseguró que “lo verdaderamente importante de la provincia de Cádiz es el puerto de Algeciras”. “Jerez –agregó- tiene que conseguir que sus vinos aguanten más en el mercado. ¿Y Cádiz?, Cádiz tiene mucha gracia”.

Veinticuatro años después, esta simplificación demoledora de Cádiz tiene aún cierta vigencia, sobre todo en lo que respecta al puerto de Algeciras. Es decir, sigue siendo el referente socioeconómico más relevante de esta provincia andaluza: según Eurostat, es el que ha tenido la mayor tasa de crecimiento anual en ese periodo entre los diez primeros de la UE; es el primero de España y del Mediterráneo en tráfico total y mercancías; el cuarto de la UE en tráfico total y quinto en contenedores.

Algunos de estos datos los destaca el presidente de la Autoridad Portuaria de Algeciras, Manuel Morón, en un artículo publicado en Europa Sur y titulado Perdón por los 100 millones (en 2016 alcanzó los 100 millones de toneladas de mercancías).

En dicho artículo, Morón pide “perdón, fundamentalmente, por no haber sido capaz de arrancarle a Madrid ni un solo olé por tanto esfuerzo colectivo”. “Perdón por haber crecido tanto con tan pocos medios”, agrega.

Previamente, desgrana todos y cada uno de los agravios sufridos por el puerto de Algeciras. Plantilla congelada desde hace 11 años, pérdida de la mitad de inspectores del PIF (Puesto de Inspección Fronteriza) en los últimos cinco años pese a haber registrado un incremento de las inspecciones del 40%, cortes de luz de cuatro semanas al no acometer Red Eléctrica una inversión, desprecio de la paz social sobre la que se ha sustentado el crecimiento (hace una defensa de los estibadores).

Y remata el artículo con una disculpa definitiva “por no haber sabido transformar los 100 millones de toneladas en 100 millones de razones para que se reanudasen las obras de la (línea férrea) Algeciras-Bobadilla”. “Los más de 681.750 camiones –un camión cada 46 segundos- que la comarca puso en ruta el pasado año tampoco han servido para que se moviese ni una sola traviesa”, argumenta.

Pero la culpa, para ser justos, no solo hay que echársela al actual Gobierno central y al PP. El PSOE, cuando gobernó en Madrid entre 2004 y 2011, tampoco solventó algunos de los problemas que menciona Morón, sobre todo la terminación de la vía férrea Algeciras-Bobadilla. Y la Junta, a tenor del discurso de la presidenta el 28-F, no la tiene entre sus prioridades.

A la lista de agravios y obstáculos contra el puerto de Algeciras, con Madrid como principal promotor, hay que añadir los nubarrones que se ciernen sobre esta comarca gaditana por el Brexit.

La libre circulación en la frontera Gibraltar, otro de los motores económicos de la zona, puede verse perturbada muy seriamente si el Gobierno del PP persiste en su empeño de utilizar la salida del Reino Unido de la UE para imponerle al Peñón una cosoberanía fracasada política y socialmente.

En juego, de ser así, están los 10.000 trabajadores transfronterizos que trabajan en Gibraltar (7.000 de ellos españoles). Teniendo en cuenta que La Línea y el resto de la comarca soporta un paro cercano al 40%, esta política, de nuevo ideada e impulsada por Madrid, es un acto de sadismo sin precedentes, con el Gobierno andaluz de perfil.

Para colmo, la alta contaminación industrial en la bahía de Algeciras abona la creencia de la mayoría de la población de que en la zona existe una alta tasa de cáncer, superior a la de territorios circundantes.

Esta misma semana salieron más de 1.000 personas a la calle en Algeciras pidiendo un estudio epidemiológico que la Junta de Andalucía escamotea inexplicablemente una y otra vez alegando que el tabaquismo está detrás de la mayoría de los casos de cáncer en el Campo de Gibraltar. La Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, los vincula a la contaminación directamente.

Así las cosas, bajo el lema Respirar duele, el grupo ecologista Verdemar-Ecologistas en Acción, convocante de la protesta, reclama la elaboración de dicho estudio y que se frene la expansión industrial.

En fin, para dejar de ser el Sur más abandonado, vamos a tener que recurrir a Carlos Cano y recordar su remedio contra el olvido: “Si en vez de ser pajaritos fuéramos tigres de bengala, a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula”.