Opinion · Postdatas

101 días

Ya pasaron los primeros cien días del megagobierno de Pedro Sánchez. De hecho, estamos en el 101. A mí, como escribí en uno de mis primeros artículos de esta singladura gubernamental, la decisión del nuevo presidente del Gobierno de dar acogida al Aquarius, donde navegaban 629 inmigrantes subsaharianos en peligro de muerte, ya cubría mis expectativas ciudadanas para toda la legislatura. Me conformo con poco, ¿no?

Además, después de que cayera un PP salpicado por la corrupción y los chanchullos, el nuevo Gobierno traía bajo el brazo una levantera de aire fresco contra la España casposa que por sí sola justificaba el desalojo, la rebujina y mi entusiasmo.

Sin embargo, también es verdad que durante estos cien días el nuevo Gobierno ha pecado de una falta de coordinación –la señora Carmen Calvo debe afinar o quedarse quieta y parada- que, a su vez, le ha arrastrado a perpetrar un buen número de rectificaciones: la negativa de la ministra de Justicia a financiar la defensa del juez Llarena, el impuesto diésel, la fecha de exhumación de Franco, el bloqueo de la venta de bombas a Arabia Saudí, la política migratoria, etc.

A mí personalmente, sin embargo, me han molestado las dudas, rectificaciones o meteduras de pata que han afectado a los principios, porque han puesto de manifiesto una cierta volatilidad y una falta de fiabilidad y firmeza.

Por ejemplo, me parece muy mal el revuelo que se ha montado con el anuncio del Ministerio de Defensa de bloquear la venta de 400 bombas a Arabia Saudí, a propósito de un contrato para la construcción de cinco corbetas con este país asiático.

Arabia Saudí, una monarquía absoluta donde las mujeres sufren unapartheidde género que ni en el Medievo, se enfadó por la noticia, que tuvo un altavoz extraordinario en la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, preocupadísima por los 6.000 empleos que se podrían perder en los astilleros de Navantia de la provincia con más paro en España.

Al final, un acuerdo diplomático, con un toque del CNI, ha relajado la situación y Arabia Saudí, de entrada, respetará el contrato de 1.800 millones de euros de las corbetas, aunque “pasará factura” según fuentes del socialismo crítico escondido detrás de una mata.

A mí parece muy bien que se protejan los contratos de Navantia con Arabia Saudí, pero no me gusta nada que una parte importante de la política industrial de España –están el AVE a la Meca y el metro de Riad- dependa de un país que no hace mucho tiempo bombardeó en la región de Saada en Yemen y mató a 43 personas y dejó 61 heridos. Por cierto, una parte importante de las víctimas eran niños.

¿6.000 empleos por bombas españolas para repetir masacres como las de Yemen? No, gracias. Prefiero a los canadienses…

En el tema migratorio, pues después de un arranque valiente se ha impuesto la real politikde las devoluciones en caliente y las otras leches fritas.

Los partidos de extrema derecha de la UE –en Suecia, segunda fuerza política- han inoculado a nuestra sociedad la xenofobia, y el discurso humanitario y solidario de la izquierda es desgraciadamente un lastre en términos electorales. Los principios, de nuevo directamente al cubo de la basura.

Por último, me ha parecido vergonzoso –por calificarlo con cierta moderación- que el actual Gobierno, a través del Consejo Superior de Deportes (CSD), haya negado este verano a atletas gibraltareños competir en un Campeonato de Atletismo Máster (veteranos) bajo la enseña de Gibraltar.

Esta doctrina errática y franquista del CSD, que nada tiene que ver con la sensibilidad de los partidos políticos campogibraltareños, con el PSOE a la cabeza, está afectando a otras disciplinas deportivas, como el ciclismo, el hockey y lo que te rondaré morena.

Y también ha provocado una corriente de solidaridad en el mundo del deporte -especial en la comarca del Campo de Gibraltar- y duras críticas a la presidenta de Consejo, María José Rienda, y al propio ministro de Educación y Deportes, José Guirao.

Estoy convencido de que la miopía en este caso es hereditaria –es decir, heredada del Gobierno pepero-, pero está afectando a los principios que los propios socialistas han venido defendiendo en el desencuentro sobre Gibraltar.

Por si no lo saben, dicha merma ocular es curable incluso en políticos en activo con más de 71 años.

Por cierto, los cien días los ha celebrado Pedro Sánchez con un mitin socialista en Asturias. Es verdad que sus quehaceres de presidente lo han tenido muy ocupado, pero debe mimar más a quienes le auparon a donde está; es decir, la militancia.

Lo digo porque desde 18 de mayo no se rozaba con las bases: fue en mayo en Extremadura con Guillermo Fernández Vara a su lado.

En esta ocasión ha estado solo, sin el presidente socialista del Principado, pero ya se sabe: más vale solo que acompañado de Javier Fernández, máxima Autoridad Moral en aquellos días de traiciones, emboscadas y mentiras como puños.