Opinión · Entre leones

Democracia se cura con democracia

Detrás del rechazo de los 27 al Plan Chequers de la primera ministra británica Theresa May en Salzburgo, hay una negativa tajante a aceptar un Brexit que contenga solo la libre circulación de bienes, sin las de servicios y personas, que representan tres de los cuatro pilares de la UE; el cuarto es el capital.

Pero a la vez representa de facto un empujón comunitario a un segundo referéndum que deje el Brexit sin efecto o con poco recorrido.

Como ha dicho más de una vez el ministro de Hacienda británico, el moderado Philip Hammond, nadie vota para ser más pobre, y eso, según los informes económicos más serios, es la deriva que va a coger el Reino Unido, que dejará de crecer entre un 2 y un 8 por ciento en función de si el Brexit es suave y pactado o duro y sin acuerdo, que tendrá que abonar en torno a 60.000 millones de euros a Bruselas, que se resentirá en todos los sectores de su actividad económica excepto en el agrícola, que deberá afrontar situaciones territoriales peliagudas en Gibraltar, Irlanda y Escocia, que deja a la intemperie a cientos de miles de jubilados británicos residentes en la UE, etc.

Ante una Theresa May que ni siquiera cuenta con el apoyo de su partido, donde los euroescépticos capitaneados por Boris Johnson y Jacob Rees-Mogg abogan por un Brexit tan duro como burdo, alumbrado por la xenofobia que les inspiran los inmigrantes, todo el mundo está esperando –con los sindicatos que tanto le han ayudado a la cabeza- que el líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, aparque de una vez la ambigüedad que arrastra desde el mismo referéndum y posicione a su partido en la misma dirección que le indicaron los electores antiBrexit que un año después le ayudaron a conseguir el 40% de los votos en las elecciones legislativas.

Por fin, Corbyn; o Corbyn, por fin, ha anunciado al menos que defenderá un segundo referéndum para determinar el grado de ruptura con la UE si el Partido Laborista se lo pide en el congreso que se celebrará esta misma semana.

Ojalá los delegados laboristas refrenden lo que dicen las encuestas: casi el 90% de las bases está por un segundo referéndum.

Si sale adelante esta iniciativa laborista –tiene que salir salvo pucherazo- y el Partido Conservador confirma la división y el bloqueo en su congreso, que también se celebrará próximamente, es muy posible que el sentido del Brexit se dirima en las urnas, que no es mal sitio para enmendar uno de los mayores errores de la historia democrática del Reino Unido. Democracia se cura con democracia.