Opinion · Postdatas

PSOE: del ruido a la calma chicha

Siguen siendo casi los mismos actores, sobre todos los principales, Pedro Sánchez y Susana Díaz, pero el relato del PSOE ha cambiado radicalmente.

De una guerra interna cainita, que desembocó en la destitución del primero a manos de la segunda en uno de los actos políticos más vergonzosos que se recuerdan dentro de la izquierda española, hemos pasado a una etapa de vino y rosas, de abrazos y achuchones casi sinceros, de sonrisas de oreja a oreja, de palabras de aliento sin retranca.

No sé cuánto habrá de impostado en las intervenciones de Pedro Sánchez y Susana Díaz en el pasado Comité Director del PSOE-A, que encumbró, por cierto, a la sevillana como candidata socialista a la presidencia de la Junta.

Da igual, el resultado es bueno para el PSOE. Después de los desvaríos protagonizados en el pasado, la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno y la aceptación de Susana Díaz de que Pedro Sánchez está en la presidencia del Gobierno, ha actuado como bálsamo de Fierabrás para los socialistas. El poder, como he sabido, cura todos los males.

Así las cosas, el ruido que provocaban los macutazos continuados ha dejado paso a una calma chicha, que, a su vez, ha permitido que el PSOE recupere una vieja regla no escrita, interrumpida abruptamente en todos y cada uno de los comicios que Pedro Sánchez capitaneó la lista de Madrid, el cierre de filas antes y durante cualquier tipo de proceso electoral.

Está todo tan chachi guay del Paraguay que hasta los impresentables de los dos lados de cuadrilátero –unos pocos pero muy abultados- han salvado la cabeza y mantienen sus aspiraciones de continuar en la pomada, viviendo del cuento, asesorando como si nada hubiera pasado, esperando colarse por la gatera en alguna lista electoral, construyendo discursos plagados de halagos y mentiras, ocultando la verdad para hacerse imprescindibles a golpe de engañifas.

Gachones y gachonas de ‘si yo ya lo dije’. Son los impresentables que han acompañado y acompañan a Susana Díaz y Pedro Sánchez, que, como he dicho, también ganan, siempre ganan, nunca pierden porque tienen un nivel de flotabilidad cercano al del corcho y más cara que espalda.

El poderío de Pepiño Blanco en Fomento es para contratar a tiempo parcial a un psicoanalista argentino, especialista en el subconsciente profundo, para que indague en el poderoso influjo de las gasolineras sobre los seres humanos. Y la recolocación con calzador en las listas de algún consejero andaluz, de cuyo nombre no quiero acordarme pero antiguo artillero mayor, para hacerlo fijo; al psicoanalista argentino, claro.

En esta situación besos y abrazos en el PSOE, y con una oposición que no acaba de encontrar su punto de ebullición, Susana Díaz parece tener garantizado una victoria electoral clara, por varias cabezas de distancia sobre el segundo.

Posiblemente, gobernará otra legislatura con Unidos Podemos o con Ciudadanos; es decir, mandará otros cuatro años tras un mandato deslucido por su afición al AVE Sevilla-Madrid y de vuelta a su templo.

Menos mal que su vicepresidente, Manuel Jiménez Barrios, ha estado más anclado al territorio y a la realidad y le ha cubierto las espaldas sin aspavientos, con una lealtad inquebrantable, de forma sobresaliente. Es la prueba viviente de que se puede mandar bien y mucho y ser una bellísima persona.

Pero volviendo al carril principal: Susana Díaz y el PSOE-A tienen que proponer algo más en esta campaña, tienen que hacer algo más si, como parece, el pueblo andaluz les vuelve a dar una mayoría suficiente para gobernar.

Andalucía necesita un salto político cualitativo que la saque de la cola de España, que la ponga en la senda de la modernidad que exige el siglo XXI, que les cierre la boca a los miserables que, una vez tras otra, la golpean con infamias o medias verdades sobre el nivel educativo de sus niños, sobre la indolencia en el trabajo y las otras vainas de la leyenda negra andaluza construida allende de Despeñaperros.

Es hora de ponerse serios, de que los chistes los cuenten otros.

Para ello, Susana Díaz y el PSOE-A tienen que recuperar con más convicción la incorporación de independientes progresistas que aporten un salto cualitativo y ayuden a configurar esa Andalucía por España y la Humanidad que se nos escapa de las manos apenas susurras su nombre.