Opinión · Entre leones

Sin trampa ni autodeterminación

Desde el mismo momento en que los Presupuestos sufrieron ‘cajonazo’, la precampaña electoral se puso en marcha.

A pocos ha cogido con el paso cambiado el adelanto electoral.

Pero ha sido el PSOE el partido que más rápidamente ha reaccionado. Si no hubiera sido imposible para el líder de los socialistas presentar en tan pocos días libro de autobombo –se lo podía haber ahorrado de cabo a rabo-, actos de precampaña y partido unido y cohesionado, empezado con un mitin en la Andalucía de Susana Díaz.

Este arranque fulgurante ha sido gracias, en primer lugar, a un callado y arduo trabajo previo y, en segundo y más importante, al convencimiento de Pedro Sánchez y de los suyos de que las negociaciones con los independentistas catalanes estaban abocadas al fracaso sí o sí.

¿Y por qué estaban condenadas al naufragio? Pues muy sencillo, el líder socialista ni quería ni podía ceder ante las pretensiones soberanistas de los independentistas más radicales, que codiciaban a cambio de los Presupuestos una vía hacia la autodeterminación.

No quería porque no es tonto, y no podía porque el PSOE no lo hubiera dejado.

¿Que el Gobierno ha dialogado sobre el derecho de autodeterminación con la Generalitat y los independentistas?  Seguro. Pero para intentar convencerlos de que la vía autonomista era la única salida a la crisis, con un nuevo Estatut dentro de una Constitución reformada.

Dicho sea de paso, transitando por esta senda, hasta el conde de Romanones hubiera podido indultar a los políticos catalanes (ver el desenlace político de la huelga general de 1907).

Esta solución, que es apoyada mayoritariamente por los catalanes, no convenció sin embargo a los sectores más duros del independentismo, que están parlamentariamente en manos del loco de Waterloo, el inquilino del palau de la Generalitat y los miedos atávicos de ERC, principalmente.

Sin embargo, pese a que esta historia no tiene ni trampa ni autodeterminación, las derechas siguen a lo suyo.

Pablo Casado volvió este miércoles en el Congreso a hacerse un solitario en su pregunta a Pedro Sánchez: “Usted hubiera aceptado la autodeterminación si el PP no lo hubiera denunciado”.

Como le toquen las palmas más de la cuenta, este gachó se nos presenta a lomos de Babieca en la misma plaza de las Cortes y nos pone mirando al suelo. Menos mal que estamos ante un babieca auténtico.

Y Rivera no se quedó atrás en su afán de pasar de peso pluma-cuñado a pesado-presidente: “Su aspiración es ser presidente con los golpistas. ¿No le da vergüenza aceptar los 21 puntos? Nunca aceptaremos a alguien como usted, yo estoy en política para no aceptar un presidente como usted. Nos vemos el 28 de abril”.

El líder de Ciudadanos representa la fórmula mágica de “más gasolina al fuego para arreglar a llamaradas el problema catalán”.

Sánchez se defendió ante Casado restregándole la mentira y el insulto que sostienen su discurso político y apostando por una España donde quepan todos, dado que el líder del PP está empeñado en quedarse solo con los españoles que piensan como él y Aznar. Vamos, la España despoblada a lo bestia.

A Rivera le sacudió con el cordón sanitario que aprobó la Ejecutiva de Ciudadanos sobre el PSOE, un partido con 140 años de historia y sustentado por millones de votantes, con el posado de Colón y con el cambio de la chaqueta liberal por la ultraderechista.

Un repaso en toda regla que quedará minimizado por las terminales mediáticas de las derechas, que continuarán practicando la máxima goebbeliana de repetir una mentira suficientemente hasta convertirla en verdad. Es decir, autodeterminación hasta en la sopa.

Para que nos vayamos enterando, y parafraseando a la economista Julia Cagé, las mentiras de las derechas tienen más peso porque están mejor financiadas, ¿no?