Opinión · Entre leones

General a tus zapatos

Defiendo y defenderé que la Transición democrática fue buena para la inmensa mayoría de la sociedad española. Un Rey nombrado por Franco la impulsó y políticos procedentes del franquismo y de la oposición antifranquista la consolidaron.

Gracias a ellos y a una sociedad española que estuvo a la altura de las circunstancias –es decir, prefirió la reforma que podíamos a la revolución que queríamos-, estamos aún inmersos en el periodo de libertad y paz más largo de la historia de España.

La profunda inestabilidad socioeconómica heredada del franquismo se sorteó con los pactos de la Moncloa, el golpismo se desactivó por completo tras el susto del 23-F y la barbarie del terrorismo también cayó derrotada a golpe de unidad después de más de un millar de muertos.

Ahora, la misma Constitución que nos dimos aguanta los empellones del independentismo catalán, que se halla entre la espada y el Tribunal Supremo, y a la espera de unas condenas que, sin duda, estarán a la altura de los desbarres del 1-O.

Sin embargo, esa Transición modélica patina estos días por culpa de un grupo de militares, que, de la mano de la extrema derecha, se presentará como si se tratara de un desembarco en las playas de la Victoria a los próximos procesos electorales.

Fulgencio Coll, Alberto Asarta, Agustín Rosety, Manuel Mestre, Antonio Budiño y algunos otros que está literalmente en la caja de reclutamiento forman esta avanzadilla de militares de alta graduación que formarán parte de las listas de Vox.

Dos de ellos, Asarta y Rosety, irrumpen para más inrien las listas de Vox tras haber sido firmantes de un manifiesto profranquista sin complejos, donde se defiende“la figura militar de Franco, hoy vilipendiada hasta extremos inconcebibles, sin ninguna objetividad, basados en la tergiversación de la historia y con unos fines espurios que sonrojan a cualquier estudioso de la verdad histórica”. Y justifican el golpe de Estado que protagonizó el artista del Ferrol: “Llegado aquel momento crucial para la supervivencia de la nación española, asumió la responsabilidad que le entregaron sus compañeros de armas para ejercer el mando único de la España agredida y asediada por el comunismo internacional aceptado y adoptado por el Frente Popular”.

Estos militares en posición de retiro no cometen ningún tipo de ilegalidad –de hecho, se presentarán sin mayores problemas a los comicios-, pero tirarán a la basura con su sola presencia los 40 años que ha costado redefinir el papel de las Fuerzas Armadas en el seno de un régimen democrático, convertidas en servidoras del pueblo soberano y no en una amenaza para el pueblo soberano.

Ahí, en ese terreno, máximo respeto, máxima consideración.

Todos coinciden en que se presentan a las elecciones por la amenaza que representa el independentismo catalán –bueno, Coll lo vincula también a la defensa de la libertad y la Constitución-; es decir, estos señores generales forman parte de los nuevos ’salvapatrias’ que no confían en que los civiles no cazadores sepamos mantener la unidad de España. Debe ser porque las palabras no saben esgrimir sables, porque no saben alzarse en armas.

Algunos de ellos, pese a que eran desde chiquititos unos franquistas contumaces y no debieron pasar del cuarto de banderas, capitanearon a soldados españoles en misiones de paz y libertad en Irak, Líbano, Croacia, Albania, Afganistán, Kuwait y Bosnia-Herzegovina, entre otros muchos recónditos lugares.

Eso realmente es lo que me jode, que dejamos que algunos de estos militares se pasearan por medio mundo en nuestro nombre.