Opinion · Entre leones

Hasta enterrarlos en la mar

En la primera legislatura de ZP como presidente del Gobierno, recuerdo que en uno de los debates del Estado de la Nación se coló en el Congreso de los Diputados un periodista flacucho, de cara aniñada y con menos papeles laborales que un ‘espalda mojada’ en las playas de Tarifa. Venía, como es lógico, a cubrir dicho acontecimiento político.

Tuve la oportunidad de charlar con él un buen rato. Era andaluz –creo recordar que de Granada- y siempre he hecho amistad con cierta facilidad con los andaluces que frecuentaban la calle de Floridablanca.

Después de preguntarme y repreguntarme por las previsiones del debate –sobre todo estaba muy preocupado por el posible ganador-, me confesó que él llevaba el titular puesto y que no era otro que “Rajoy arrasa a Zapatero”.

Me dio tanta pena que no fui capaz de hacerle ningún reproche personal. Lo miré con tristeza y agachó la cabeza. Después lo vi en la tribuna de prensa tomando notas como si fuera a escribir la crónica de su vida. Más cornás da el hambre, ¿no?

Aquel pobrecito hablador trabajaba para un periódico de un constructor o similar metido a editor, y estaba al servicio de la derecha de la época, que no era otra que la que capitaneaba Mariano Rajoy.

Los medios más serios de la caverna no utilizaron el verbo arrasar porque el debate lo ganó ZP con cierta claridad, pero dieron por ganador a Rajoy.

Normal. La prensa de derechas siempre ha sido muy cumplidora y la verdad siempre ha sido un detalle entre incómodo y superfluo para ella.

En el debate ‘a cuatro’ del pasado lunes en TVE algo de todo esto debió pasar. Pese a que Rivera resultó el peor al fracasar en su desesperado intento por seguir y seguir ordeñando Cataluña electoralmente, los medios de la derecha, en especial El Mundo y ABCLa Razón no sudó tanto la camiseta-, lo dieron por ganador.

Todos destacaron que el líder de Ciudadanos dejó al borde del KO a Pedro Sánchez en el debate sobre Cataluña. Los nervios y alguna que otra payasada y el olor a naftalina del problema catalán no le restaron nada: según el guión escrito, Rivera debía ganar y ganó para intentar que sumen las tres derechas.

Por cierto, es de suponer que Rivera, que en el debate de TVE exhibió una foto de Pedro Sánchez con Torra, saque en el debate de Antena 3 los retratos que él y Arrimadas se hicieron con Puigdemont, el jefe político del actual presidente de la Generalitat.

El objetivo no debe ser otro que seguir haciendo el ridículo ante una audiencia de más de ocho millones de españoles.

Detrás de este triunfo de compadre hay un último intento por Salvar al soldado Rivera, que, por si no lo saben, corre el riesgo de convertirse en el líder de la cuarta fuerza política.

Las encuestas no reflejan que el empuje de Vox a golpe de cafrada está a punto de un repique de darle el sorpasso a los naranjitos.

Sospecho que en el debate de hoy le toca ganar, por turno y por jerarquía, a Casado, que ya bastante ha cedido con su tono institucional y moderado. Solo con que repita, con algo de mala hostia, la sarta de mentiras que pronuncia como una retahíla, se llevará la gloria de los medios de la derecha.

De cara a esta caverna mediática, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que con respecto a Cataluña pidieron diálogo básicamente, volverán a perder. El primera porque está acorralado desde Pangea por Casado y Rivera con Cataluña, y el segundo, porque es comunista y amigo de los independentistas.

En fin, el 28 de abril hay que ir a votar también para dejar en evidencia a estos traficantes de mentiras, que cobran dinero contante y sonante por intentar engañarnos como a chinos. Cabalguemos y votemos izquierda –yo lo haré por Pedro Sánchez- hasta enterrarlos en la mar; a ellos y a sus mentiras, claro.