Opinion · Entre leones

Lo primero es siempre lo primero

En estos días de pactos, media manga y manga entera, las derechas están que se salen: firman un acuerdo de gobernabilidad en un metro cuadrado, jurando y perjurando mientras tanto que ni muerto.

El último aquelarre derechista se ha producido en Castilla y León, donde PP y Ciudadanos se repartirán la autonomía y algunos municipios, y en Murcia está al caer, con Vox compartiendo mesa y mantel con populares y anaranjados sin complejos.

Donde se puede, se hace. Eso sí, marcando previamente el territorio en una especie de paripé de cara a la galería.

Ahí, Ciudadanos, Rivera, Riverita y los suyos son unos artistas. En un ataque súbito de liberalismo homologable por Macron juran que a “Vox ni agua”. De poco le vale porque en el Sena tienen calado al noviete de Malú.

Pero la verdad es que si escuchas atentamente las palabras de Ignacio Aguado, líder de la ‘naranjada’ en Madrid, casi te crees eso de que Ciudadanos veta que la muchachada de Vox tenga cargos en la Puerta del Sol.

¿A ver cuánto le dura a Aguado la exigencia innegociable?

En la movida de los Presupuestos andaluces se ha visto a las claras que las voluntades se cambian en un periquete, gracias a una simple pastillita de sentido común y sensatez (según la farmacología política de derechas) y un tijeretazo a los inmigrantes. ¡Que se ahoguen, que se ahoguen!

Donde Vox anunció una enmienda a la totalidad se han hecho un pan con unas tortas para aprobar las cuentas públicas andaluzas, las primeras de un Gobierno que va camino de convertirse en el peor de la historia de Andalucía y olé.

Solo es peor el PSOE, que está más preocupado, con Susana Díaz de cuerpo presente, del “colócame y ande yo caliente” que de hacer una oposición seria y responsable.

Por cierto, para enjaretar el acuerdo presupuestario, Ciudadanos y Juan Marín se han tenido que beber el cáliz hasta las heces, y saludar con una sonrisa de oreja a oreja a los chicos malos de Vox desde los toriles del Parlamento andaluz.

Un trágala con langostinos de Sanlúcar de Barrameda y media botella de manzanilla en rama.

En fin, como les toquen las palmas acaban cantando el Cara al Sol en la intimidad. Al tiempo.

Mientras las derechas están a lo suyo –pactar, acordar y repartirse el pastel-, las izquierdas, con el PSOE a la cabeza, están instaladas en la melancolía y atrapadas en un laberinto de escrúpulos y prejuicios.

Lo de Valencia ha salido finalmente, pero no sin cierto suspende. Teniendo en cuenta que estuvieron cuatro años compartiendo cama y consejo de gobierno, era para haber ido a tiro hecho desde el principio, sin tanto juego de esgrima.

Pero en Navarra, donde las izquierdas se deberían haber puesto de acuerdo en torno a la candidata socialista, Navarra suma –UPN, PP y Ciudadanos- las tiene acogotadas.

Parece una broma de mal gusto que Casado y Rivera exijan que su UTE política gobierne Navarra al ser la más votada, cuando en Madrid, sin ir muy lejos, se van a pasar por el forro de los pantalones las mayorías de Manuela Carmena y Ángel Gabilondo.

Por eso, visto lo visto, yo no tendría tantos escrúpulos para pactar con quien hubiera que pactar. ¿Bildu? Si no quiere reconocerse el papel de esta formación en el punto y final de ETA y solo se le quiere ver como la heredera de la banda terrorista, pues hace uno un ‘Ciudadanos sobre Vox’ y deja para las hemerotecas y el acta de sesiones un “nunca jamás”.

Y en el Gobierno de España, pues más de lo mismo. Es muy simple, Pedro Sánchez debería sumar en vez de restar.

Que para eso tiene que coaligarse con Unidas Podemos, se coaliga y mete a Pablo Iglesias en el Gobierno.

Y al PNV. Ojalá pudiera entrar en el Ejecutivo gente como Aitor Esteban.

Que tiene que entenderse con ERC para que se abstenga, pues se hace un trabajo fino donde la abstención no tenga otra contrapartida que recuperar la normalidad democrática cuanto antes.

Serán lo que sean, pero los chicos de Tardà –ahora sin él- y Rufián son gente decente. Yo, desde luego, los prefiero a aquellos que representan a UPN o a Coalición Canaria.

Por lo demás, una vez lograda la investidura con un discurso ecologista y social, ya habrá tiempo para marcar diferencias, ¿no? Lo primero es siempre lo primero.