Opinion · Entre leones

¿Para cuándo el 155 en Andalucía?

En la Andalucía de Juanma Moreno, Juan Marín y los aliados de Vox han decidido, bajo la coordinación de Rasputín Elías Bendodo, a la sazón consejero de Presidencia y presidente al sol y a la sombra, poner en marcha un plan de coordinación de acción logística y comercial de los puertos de dicha comunidad autónoma.

Teniendo en cuenta que las ideas y el trabajo brillan por su ausencia en el postureo continuo del Gobierno andaluz tripartito, una iniciativa de estas características, que busca, en principio, coordinar actuaciones conjuntas, debería ser recibida con una ovación cerrada.

Sin embargo,tate: este plan de coordinación es competencia del Ministerio de Fomento –en concreto de Puertos del Estado-. La comunidad autónoma nombra a los presidentes –en virtud de un acuerdo entre Aznar y Pujol de cuando hablaban catalán en la intimidad-, pero la gestión de los puertos es constitucionalmente competencia exclusiva del Gobierno central.

Y esta es la segunda vez que la Junta de Andalucía de Bendodo insiste en liarse la manta a la cabeza y pasarse por el forro de los pantalones a Puertos del Estado, que, siendo su presidente Salvador de la Encina, dudo muy mucho que vaya a quedarse de brazos cruzados ante esta flagrante vulneración de sus competencias.

Es decir, aunque el calado evidentemente es inferior, el Gobierno andaluz está vulnerando la Constitución como lo ha venido haciendo reiteradamente durante el procés la Generalitat catalana y los diablos Pinchapapas independentistas.

Entonces, mi pregunta es muy simple: ¿Pedirán los constitucionalistas más constitucionalistas de todos los constitucionalistas, el PP y Ciudadanos, la aplicación del artículo 155 en Andalucía?

Ni de coña; como se ha podido apreciar, las derechas son expertas en pasar de puntillas sobre sus propias mierdas. El doble rasero lo llevan en el ADN.

Así las cosas, este plan de coordinación de los puertos andaluces no será un chiringuito separatista del tipo embajada de Puigdemont ni un acto de deslealtad institucional, sino una acción de pura eficacia empresarial y portuaria; es decir, dos más dos son cuatro, pero me llevo cinco y por el culo te la hinco.

Naturalmente, la culpa siempre es de los otros, o de las Matemáticas, claro.

No hay nada más que ver cómo al final el responsable de las protestas que sufrieron Arrimadas y sus mariachis de Ciudadanos en la fiesta del Orgullo la tiene el ministro del Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska.

¿Por qué? Porque es maricón, coño, que diría Vox, socio de Ciudadanos en comunidades autónomas, ayuntamientos y comunidades de vecinos.

Y es que no hay derecho. ¡Mira que tirarles agua, latas, insultarles y cerrarles el paso con una sentada!

La próxima vez, hay que coger el manual para pitucos de Mario Benedetti y tirarles caramelos, pero unos caramelos blanditos: nubes de azúcar que hacen más daño moral que físico.

Sí, hay que empacharlos con nubes de azúcar -con sabor a fresa a ser posible- para que se les caiga la cara de vergüenza por juntarse y liarse con homófobos, racistas y xenófobos y pretender cosechar una ovación en Chueca.