Entre leones

Tontos de boina

El pasado viernes participe en la ‘mani’ que recorrió las calles de  Madrid dentro de la Huelga Mundial del Clima.

Como destacaron la mayoría de los medios fue una protesta intergeneracional. Había gente de todas las edades: jóvenes, parados, prejubilados, pensionistas y medio pensionistas…

Entre los muchos gritos de guerra que escuché y entoné destacaría "menos elecciones, más soluciones,  y "no hay plan b para la Tierra", pichita mía.

La ciudadanía, sobre todo la más progresista, está más concienciada del daño irreversible que nuestros malos humos y nuestra estúpida forma de vida están provocándole a la casa común de los terrícolas (incluidos los marcianos que viven entre nosotros ocultos bajo disfraces de Carnaval).

Al personal de derechas tanta sensibilidad medioambiental le parece una ordinariez, cosa de ecologistas y rojos, dado que está archidemostrado desde los tiempos del primo químico de Rajoy Brey que lo del cambio climático es una milonga.

Por Dios y los clavos de Cristo, que el apocalipsis no está a la vuelta de la Antártida y que todavía tenemos un siglo o incluso dos para pulirnos la Tierra y su satélite sin causar ningún daño a la Madre Naturaleza, que es gato, gato por las vidas que le hemos descontado.

Niega, niegan y vuelven a negar como beben los peces en el río.

¿Cambio climático? Anda ya, cuentos chinos de un agujero en la capa de ozono que nadie ha visto con sus ojitos.

¿Gota fría? De toda la vida de Dios ha llovido en el Levante español y ahora son cuatro gotas más, y ya escampará. Y la próxima vez más moderación en los rezos a la Virgen de la Cueva, que, como es sabido, no se maneja bien del todo con los grifos del Cielo y lo mismo te manda un chaparrón que te despacha un diluvio universal.

La guinda de la protesta climática la ha puesto el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que se ha marcado días después un chotis medioambiental de Regional Preferente, denominado plan Madrid 360, con el único objetivo de cagarse el Madrid Central de Manuela Carmena, llevándose por delante las restricciones para acceder en coche al centro.

Eso sí, a partir de 2025, el gachó prohibirá la circulación por toda la Villa y Corte de los vehículos más contaminantes, algo parecido a la limitación de la circulación aprobada en noviembre por Carmena para estas chatarras en ese mismo año.

Orgulloso de su plan, Martínez-Almeida se subió a lo más alto del Faro de Madrid, desde donde, arremangado, explicó su teórica sobre la enorme preocupación que le genera la mierda en polvo suspendido que envuelve a la capital de las Españas.

Pero esta vez al menos no renegó de las protestas medioambientales mundiales, como hizo con las del Día Mundial de la Mujer por considerarlas demasiado feministas y leninistas, pero no pudo evitar aparecer de nuevo como un tonto de capirote.

Aunque en su caso, la verdad sea dicha, no era un capirote propiamente sino una boina, una boina de contaminación (se veía nítidamente desde el Faro monclovita) que el alcalde y sus compinches se han propuesto ponerse por montera a costa de la salud de todos los madrileños.

Lo tengo claro, hay que ir a votar el 10-M para botarlos antes de que maten al sapo partero y a nosotros mismos, especies en vías de extinción más pronto que tarde bajo el imperio de estos tontos de boina.