Entre leones

¿Se podrá votar dos veces a Pedro Sánchez el 10-N?

Como muchos españoles me emocioné cuando el helicóptero Super Puma de las Fuerzas Aéreas Españolas elevó el vuelo en el corazón del Valle de los Caídos con los restos de Franco dentro, camino del cementerio de Mingorrubio, en el Pardo.

Me acordé de los más de 100.000 desaparecidos que dejó este sátrapa en cunetas, campos dejados de la mano de Dios, fosas comunes y lugares sombríos. Derramé unas lágrimas por los 50.000 republicanos perseguidos, encarcelados y exterminados en la larga posguerra.

Y por supuesto brindé por todos los que sobrevivieron sufriendo en España represalias y calamidades y los que hicieron lo propio en el exilio.

Es verdad que en la Transición española se consiguió una especie de reconciliación entre los dos bandos que alumbró la Constitución, un nuevo marco de convivencia en libertad, y se abrió las puertas al periodo democrático más largo de nuestra historia. Aquello estuvo muy bien, y ya está bien de denostar el Régimen del 78, ¿no?
Pero no es menos cierto que nuestra democracia cojeaba ostensiblemente de la pata de la memoria. El franquismo tuvo 40 años para enterrar a sus víctimas y rendirles honores; la democracia estaba obligada a hacer lo propio con los republicanos y ha tardado 44 años en sacar a Franco del mausoleo donde se hizo enterrar junto a sus víctimas. ¿Habrá mayor atrocidad moral que el matarife repose junto a sus corderos?

Felipe González, que se encontró una España recién salida del golpe de Estado del 23-F, prefirió consolidar la democracia y no excavar en el pasado. Posiblemente era lo que tenía que hacer y cumplió con su obligación sobradamente. Demasiado hizo con reconocer pensiones a antiguos soldados republicanos y algunas cosas más en la senda de la reparación.

José Luis Rodríguez Zapatero elaboró la Ley de Memoria Histórica e impulso la búsqueda de los desaparecidos con la apertura de fosas comunes por todo el territorio nacional.

Yo mismo fui testigo de la que, patrocinada por el dueño de Lotus-Festina, Miguel Rodríguez, se abrió en un cortijo de la Sierra gaditana, El Marrufo.

Nunca olvidaré cuando, acompañado por Carmen Romero y un grupo de amigos, pudimos ver una auténtica rara avis recién descubierta por el Grupo de Memoria Histórica del Campo de Gibraltar: una tumba de mujeres, solo de mujeres, fusiladas en aquel siniestro lugar. Estaban las balas, las peinetas… y las lágrimas.

Durante los mandatos de ZP se hizo mucho por recuperar la memoria, pero no dio tiempo para sacar los restos del dictador del Valle de los Caídos.

Y ha tenido que ser Pedro Sánchez, un presidente del Gobierno que muchos de los suyos cuestionaron y maltrataron –e incluso quisieron exterminar-, quien ha protagonizado la mayor gesta memorialista hasta el momento y pasará por ello a la historia: sacar al dictador del Valle de los Caídos con todos los perejiles, con el apoyo del Tribunal Supremo y el dejar hacer, dejar pasar de la Iglesia católica, que ha recuperado los gloriosos años de monseñor Tarancón, con sus pintadas, paredones y todo.

Para mí, el acto de exhumación estuvo perfecto. Hasta los vivas a Franco y a España, la sacada a hombros con un gachó mascando chicle, las banderas preconstitucionales y la presencia de Tejero y unos cientos de nostálgicos en las inmediaciones del Valle de los Caídos y de Mingorrubio cantando el Cara al Sol y el himno de la Legión y rezando el rosario, no estuvieron mal.

Era el espectáculo cutre que se merecía el artista invitado y su propia familia, donde, al parecer, debe haber una especie de aspirante a bruja, ya que una de las nietísimas de la pobre momia –les dejó 400 millones de euros de herencia por Dios y por España y me llevo 33- le lanzó una maldición al Gobierno en pleno por lo que entendía que era una profanación y no un acto de justicia histórica. Si fuera una película se titularía, sin duda, La segunda maldición de Tutankamon y la nieta de Franco, ¿no?

Por lo demás, una pena que la ministra de Justicia, Dolores Delgado, no le tomara la palabra a Francis Franco, que pidió retóricamente que lo detuvieran. Yo le hubiera mandado directamente a la Guardia Civil para que arreglaran cuentas pendientes.

Por cierto, por cómo ha llevado la crisis en Cataluña tenía pensado votarlo, evitando echarle la gasolina del 155 al fuego de la violencia independentista y aguantando estoicamente el chaparrón de estos 2.000 descerebrados   que se han debido creer que pueden romper España a adoquinazos.

Pero también quisiera hacerlo por esta exhumación de convicción y un par. ¿Se podrá votar dos veces a Pedro Sánchez el próximo 10-N?