Opinion · Entre leones

Movilízate y vota, corazón

Recuerdo que en los días previos al referéndum de 2016 sobre el Brexit en el Reino Unido hablé con algunos amigos londinenses y estaban convencidos de que era imposible que el UK votara a favor de la salida de la UE. No les daban ningún crédito a unas encuestas que apuntaban a un resultado más que ajustado.

Algunos de ellos –demasiados- se quedaron en casa o simplemente aprovecharon ese jueves para hacer de todo menos cumplir con el deber ciudadano de pasar por las urnas.

Y saltó la sorpresa: casi el 52% de los electores apostó por abandonar la Europa comunitaria, y algo más del 48%, por permanecer en ella.

Estos amigos londinenses, gente lista, preparada y civilizada –europea, en una palabra- fueron corresponsables de lo que va camino de convertirse en uno de los mayores desastres del Reino Unido desde la Guerra del Canal de Suez. Dejaron en manos del inglés xenófobo, racista y nostálgico una decisión tan trascendental para la UE y para el propio Reino Unido.

Nadie vota para ser más pobre, recordó el ministro del Tesoro con May, Philip Hammond, y por esos derroteros anda el Reino Unido con el Brexit tres años después, ahora a la espera de unas elecciones legislativas muy de cara para uno de los grandes euroescépticos, el conservador Boris Johnson, ante la ambigüedad del líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, que no sabe si va, viene o se entretiene.

Todo esto y lo que te rondaré morena han traído mis amigos londinenses que no fueron a votar aquel 23 de junio de 2016.

En España, si no somos capaces de ilusionar y movilizar a los votantes de izquierdas y nacionalistas, que conforman la España progresista, nos va a pasar lo mismo o algo parecido.

El ‘trifachito’ sumará y se pasará los próximos cuatro años embarrando aún más nuestras vidas. ¡En Cataluña, ni te cuento! Pero también en todos lados. Casado, Rivera y Abascal comparten un ADN muy dado a joderles la vida a las personas, sobre todo a los caninos y los discrepantes, independientemente del territorio que ocupen.

O al menos eso se desprende de sus gobiernos y coaliciones, que tienen un puntito de sadismo que es marca de la casa. Debe ser que el ejercicio de la autoridad les pone cachondo y lo de convencer se la suda.

En Andalucía han superado la farándula televisiva de Susana Díaz, que tenía Canal Sur hecho una copla, siempre copla mezclada con copla. Pues ahora más de lo mismo pero elevado al cubo de la basura.

Y de camino se están puliendo poquito a poco todo lo público, empezando por la sanidad y la educación. ¡Qué no se puede vivir tanto, coño! ¡Qué los hijos de la clase trabajadora para FP, que la universidad (privada, por supuesto) es para los hijos del taco, cojones!

Y si no te gusta lo que hay, te invitan a carne mechá.

En Madrid, si cabe, es peor. Almeida se cargó la almendra central. Es verdad que los tribunales de justicia le pararon los pies, pero al final se la ha llevado por delante igualmente y poniendo multas a diestro y siniestro para vestir el muñeco. Donde había muchísimos menos coches, pues ahora han vuelto las manadas de cosas contaminantes adueñándose de nuevo de Madrid. Rabia y pena.

Como lo de llevarse por delante un centro sin tantos humos le está saliendo redondo, quiere completar la hazaña política quitando el carril bicli con dos cojones y un palito.

Este señor alcalde, que debe haber contratado como asesor al primo químico de Rajoy, negacionista del cambio climático por obra y gracia de su pariente, está haciendo mérito para pasar a la historia como una especie de bacteria rara y cabezona, altamente peligrosa para la capa de ozono y la convivencia.

Mezclado con la señora Ayuso, dinamita para los pollos.

En fin, como los progresistas no nos ilusionemos y nos movilicemos para ir a votar el próximo domingo, que nadie se queje por que el medio ambiente será ‘smoke’ puro con un toque de mierda en tres telediarios, que nadie lamente una nueva vuelta de tuerca de la reforma laboral con más precaridad y peores salarios, que nadie gima si la sanidad y la educación públicas se van poco a poco por el sumidero, que nadie lloriquee si las becas se equiparan a actos de caridad cristiana, que nadie se extrañe si le encargan la reconstrucción nacional a la Monasterio, que nadie se aflija si la Agencia Tributaria instaura la sodomía, que nadie lagrimee si el consejero de Sanidad de Andalucía se convierte en ministro del mismo ramo y pone en marcha planes muy científicos para curar a gays y lesbianas en un santiamén, que nadie implore por una mejora digna de las pensiones públicas, que nadie espere que nuestros hijos vuelvan del exilio laboral que están sufriendo…

Si no votas, ya sabes lo que te espera, corazón.