Opinion · Entre leones

Con las papas no se juega, majarón

En 1969, el régimen de Franco, por recomendación del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María de Castiella y Maiz, un diplomático que recibió la Cruz de Hierro de la mano del mismísimo Hitler, cerró la frontera de Gibraltar.

30.000 campogibraltareños, principalmente de La Línea de la Concepción, fueron arrojados a la emigración interior –País Vasco y Cataluña, entre otras regiones- y exterior –Reino Unido, Francia, Suiza y Alemania, entro otros países europeos-, merced a la decisión que más daño ha hecho a la reivindicación española sobre la soberanía del Peñón en los más de tres siglos de disputa.

Aparte del estropicio emocional que supusieron los 13 años que permaneció cerrada la Verja a cal y canto, la bravuconada de Castilla, rechazado en su día como embajador ante el Reino Unido por sus veleidades nazis, los gibraltareños empezaron a hablar peor español y las relaciones familiares y amistosa entre dos poblaciones hermanas se tiñeron de dolor y pena.

Como alternativa al hundimiento del empleo en el Campo de Gibraltar, el franquismo montó en las inmediaciones del Peñón un polígono industrial, con una refinería de Cepsa como buque insignia, que generó riqueza a costa de llevarse por delante una de las bahías más bellas de España, la de Algeciras, a golpe de contaminación atmosférica y vertidos incontrolados a los ríos y al mar.

El episodio medioambiental más grave se produjo en mayo de 1998, cuando la acería de Acerinox, sita en Los Barrios, sufrió un accidente radiactivo.

Hoy, 50 años después, la zona sigue bajo sospecha por los altos índices de cáncer existente en la zona, y los grupos ecologistas exigen con poco éxito un estudio epidemiológico serio.

Aparte del problema del empleo, que está en el 28,9% según datos de la Junta de Moreno y Bendodo –más adelante daré más detalles-, el narcotráfico sigue siendo la principal lacra que sufre una zona con indicadores económicos y turísticos de primer nivel nacional e internacional: el puerto de Algeciras, uno de los más importantes de Europa; tres marcas turísticas top, Gibraltar, Sotogrande y Tarifa; el primer polígono industrial de Andalucía, y dos parques naturales de los más bellos de España, Estrecho y Los Alcornocales.

Aunque bien es verdad que desde la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno, con Fernando Grande-Marlaska como ministro del Interior, las Fuerzas de Seguridad del Estado están haciendo frente más y mejor a los narcos, que ya no operan en la comarca como si fuera una feria. Las redadas contra las bandas del hachís son continuas y las detenciones numerosas.

Por cierto, con la plena colaboración de la Royal Gibraltar Police por mucho interés que algunos tengan en ocultarla no vaya a ser que se descubra que los llanitos son hasta buenos.

Ahora, el problema que atenaza a la zona es el Brexit, ya sea a la bravas o pactado. Y más si las derechas en España suman, forman Gobierno y cumplen la promesa-obsesión de la fuerza más ascendente de todas ellas en estos momentos, Vox, y de algunos chiitas del PP y Ciudadanos.

Desde hace tiempo, la extrema derecha reclama el cierre de la Verja a las primeras cambio. La última vez lo hizo el propio Santiago Abascal, tras rechazar el Reino Unido la euroorden de detención dictada por el Tribunal Supremo contra la exconseller catalana Clara Ponsatí.

Ortega Smith, el madelman de Vox que cruzó a nado hasta Gibraltar para colocar una bandera de 200 metros en una misión especial por las “frías aguas españolas” y que también estuvo en el lío patriótico del rescate del bloque con pinchos –dos heroicidades a la altura del Cid campeador-, siguió en un mitin en Algeciras la escalada de su partido contra Gibraltar porque “es una cueva de piratas que trafica con mano de obra y estupefacientes”.

Estos novios de la muerte de la cofradía del San Judas (el chungo, claro) se creen muy listos y están muy seguros de sí mismos, pero ya les digo algo importante a modo de aviso a navegantes: la frontera desde que se reabrió definitivamente en 1982 no se toca.

Y no se toca porque los 9.726 trabajadores españoles que trabajan en el Peñón representan el 15,1% de los trabajadores afiliados a la Seguridad Social en todo el Campo de Gibraltar. Eso sin contar los varios miles de currantes de pymes españolas que operan en Gibraltar y mucho.

Para que nos entendamos, en una comarca con el 28,9% de paro -5,5 puntos por encima de Andalucía-, el eventual regreso a la doctrina Castiella de la mano de Vox y el resto de las derechas –Esteban González Pons, del PP, y Maite Pagazaurtundúa, de Ciudadanos, sintonizan con esta misma deriva- representaría un puerta y calle al equivalente en España a todos los empleados del complejo petroquímico, industrial y portuario del Campo de Gibraltar; es decir, la refinería de Cepsa, Acerinox, las eléctricas, el puerto de Algeciras juntos, de una tacada.

A ver si nos vamos enterando, guste o no a estos patriotas residentes en lofts con menos papeles que un conejo de campo, Gibraltar es la primera ‘industria’ del Campo de Gibraltar y aporta el 25% del PIB de la comarca.

Estoy absolutamente convencido de que la inmensa mayoría de campogibraltareños, con los linenses y su alcalde, Juan Franco, a la cabeza, no van a permitir otro 1969, otro éxodo por motivos patrióticos, otra tragedia emocional, otro encarcelamiento multitudinario de gibraltareños, otro desastre económico de la dimensión que he relatado…

En fin, con las papas no se juega y mucho menos a las banderitas, majarón.