Opinion · Entre leones

Nada, absolutamente nada, Pedro

Vaya por delante que estoy encantado de que el PSOE y Unidas Podemos (UP) hayan llegado a un acuerdo programático para formar un Gobierno de coalición que saque a España del bloqueo político en el que está inmerso desde las elecciones legislativas del pasado mes de abril.

Y estoy convencido de que el acuerdo saldrá bien; es decir, que Pedro Sánchez dormirá a pierna suelta y Pablo Iglesias no se dedicará a puentearlo mientras tanto. Morfeo no se lo perdonaría.

Por la cuenta que les trae, que nos trae, habrá lealtad y solidaridad, con la parcela económica y territorial en manos de los socialistas y la social, en la de los podemitas. Y alguna sorpresa. Sin fisuras, sin crisis y sin pamplinas.

Y estoy feliz porque el PNV vaya a votar afirmativamente –para mi siguen siendo los mejores políticos de la Península Ibérica-, así como Más País de Errejón.

Y deseo que ERC se abstenga como lo hizo en abril. Los republicanos van a ser actores principales para hallar una salida política al callejón sin salida catalán, y no está nada mal que vayan retratándose poquito a poco.

Carles Mundó, exconseller de Justicia de esta formación, condenado en el juicio del procés a una pena de inhabilitación de un año y ocho meses, marca el camino a seguir rechazando por “poco útil” la vía unilateral.

En el partido del tío Joan Tardà, que espero que sea candidato a la Generalitat, hay muchos que piensan que todo no puede ser independencia y además todo el tiempo.

En fin, las clases medias y trabajadoras, las que pagaron el pato de la crisis, la postcrisis y los intermedios, serán las más beneficiadas sin ningún género de dudas de la acción de un Gobierno progresista.

Sin embargo, como es lógico, mi percepción no coincide con que la tienen, por ejemplo, los empresarios, que andan muy preocupados estos días con el pacto de las izquierdas, porque entienden que la economía española se va a bolivarizar y van a volver las cartillas de racionamiento. Si fuera así deberían estar hasta contentos, con los corralitos regresará el estraperlo, que tan pingües beneficios les dio a sus abuelos y a sus castas.

Tan acongojados están que Pedro Sánchez acudirá esta semana para intentar tranquilizarlos en el seno del foro de empresa familiar europea, donde la vertiente española de la cosa es más de Vox que los lofts ilegales de los Espinosa de los Monteros.

Yo, si fuera el presidente del Gobierno, les regalaba un contenedor de lexatines y les contaba en pocas palabras qué han hecho los empresarios –o sea, ellos y sus primos-, sin duda financiadores por tierra, mar y aire de las derechas, para que el PSOE, ganador de los comicios de abril y noviembre, se haya visto obligado a pactar con el Diablo (parar ellos, Pablo Iglesias lo es pero con coleta en vez de rabo): NADA, ABSOLUTAMENTE NADA.

Por eso, como no han hecho nada, absolutamente nada, pues toca educación y sanidad públicas por un tubo. Está bien que la ministra de Educación en funciones, Isabel Celaá, les vaya preparando el cuerpo advirtiéndole que la Constitución no garantiza la elección de colegio sino la educación.

Y se le dará una vuelta de tuerca a la reforma laboral para quitarle el punto de esclavitud que le dio el PP con contratos y salarios de mierda.

Y se subirán el salario mínimo interprofesional y las pensiones.

Y se promoverá la construcción de más viviendas sociales, cerrándole el paso a los fondos buitre.

Y no se permitirá la explotación laboral de los jóvenes y se aprobarán medidas para traerlos del exilio.

Y se apostará por el medio ambiente arrinconando a los agentes contaminantes como los gases óxidos de nitrógeno (NOx), dióxido de azufre (SO2) y dióxido de carbono (CO2), las partículas en suspensión y a Almeida y a su equipo de gobierno.

Y van a ser enterrados como Dios manda o según deseos de sus familias todos los hallados de esos 100.000 republicanos desaparecidos del tiro en la nunca y la cuneta.

Y, por supuesto, se abrirá una vía de diálogo en Cataluña una vez que los bomberos dejen de ser pirómanos.

Que Felipe González –como a los empresarios a los que representa en algún consejo de administración- no le gusta esta España que viene, pues que se vaya al psicólogo.

Muchos fuimos los que le votamos, le defendimos y le admiramos, pero desde que se lío con los ‘turistas’ españoles de la República Dominicana y sale defendiendo el dólar, solo el dólar  y sobre todo el dólar, solo nos inspira pena.

¿Que siente orfandad representativa? Pues que se compre 20 hectáreas más en Guadalupe y ocupe su tiempo en sembrar cebollinos en vez discordia, y verá cómo se le pasa el disgusto de no tener quien le escriba.