Opinion · Entre leones

Sin vaselina, por supuesto

Pareciera que el testamento de Franco, que pretendía dejar un país atado y bien atado, no estaba ni tan muerto ni tan enterrado, y eso que a su autor le han dado cristiana (¿?) sepultura hasta dos veces.

Y digo esto por la virulenta reacción que las derechas españolas y el quintacolumnismo socialista han tenido tras el acuerdo de Gobierno alcanzado entre el PSOE y Unidas Podemos, y las negociaciones en curso de los chicos de Ferraz con ERC para lograr la investidura de Pedro Sánchez.

Ya se sabía que las derechas no iban a bajar el nivel de mala leche: Aznar repite y repite sus burradas neoliberales como beben y vuelven a beber los peces en el río, y sin mover el labio superior. Puro funambulismo facial: el circo siempre vuelve por Navidad, dulce Navidad.

En las izquierdas, como ya ocurrió en el pasado, Felipe González abrió las hostilidades con unas declaraciones muy feas, donde, además de jurar en arameo contra el pacto de las izquierdas, reconoció con muy mal estilo que ni siquiera había felicitado a Pedro Sánchez por la pírrica victoria en las pasadas elecciones legislativas.

Al jarrón chino le va a dar un día de estos un empachón de soberbia.

Le siguieron Alfonso Guerra, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y otros clásicos del quintacolumnismo de 13TV como Joaquín Leguina, José Luis Corcuera o Nicolás Redondo Terreros, así como los habituales puyazos del Cochero de Drácula Lambán y del Curita Page, que son dos grandes especialistas en tocarle las pelotas y en darle abrazos de oso a Pedro Sánchez, según soplen los vientos electorales.

Hasta un manifiesto, que lleva el pretencioso título de La España que reúne, ha congregado a exdirigentes socialistas, entre ellos a Pepote Rodríguez de la Borbolla, algunos de los mencionados y algún novillero del socialismo democrático de los años ochenta.

Pepote está tan vinculado a la Junta –de hecho, fue presidente de la misma tras cargarse Felipe y Guerra a Rafael Escuredo-, y ahora coincide menos con sus conmilitones que con Juanma Moreno Bonilla, el actual inquilino de los billetes en Casa San Telmo, que aboga en una entrevista de ‘me alegra que me haga esa pregunta’ por un Gobierno de coalición entre el PSOE y el PP pero sin Pedro Sánchez. A su juicio, no da la talla pese a medir casi dos metros.

Y me llevo 33; mejor dicho, se lleva 33, claro. Ya nos entendemos sin necesidad de que medie la buenaventura.

Aunque no dudo que algunos de estos críticos, que añoran por lo visto que Eduardo Madina regrese a la primera línea política para intentar que el PSOE se convierta en la cuarta fuerza de las derechas o directamente en izquierda extraparlamentaria- estén en contra del Gobierno de coalición por pura y profunda convicción.

Históricamente, siempre ha existido un odio tibetano entre socialistas y comunistas, excepto bajo el mandato de Negrín durante la Guerra Civil, cuando los comunistas fueron los más leales con el presidente socialista del Gobierno de la II República en los últimos años de la contienda.

Pero otros muchos, quizás demasiados, responden a los intereses de la derecha económica, que está en manos de los grandes bancos y otras empresas portaaviones del Ibex-35, que, a su vez, controlan la mayoría de los grandes medios de comunicación, incluido Radio-Taxi.

Los periódicos, con más Trampas que el Virginiano, están entregaditos a esta campaña por desacreditar la coalición de izquierdas antes de iniciar su andadura. A veces se les va el ‘boli’ y la cabeza y se leen o escuchan verdaderos disparates.

El otro día un gachó, en una tele que se baña con agua bendita, llegó a pedir un tamayazo contra Pedro Sánchez. Toma ya: finura siciliana en el corazón de Madrid.

¿Y Cebrián? Sus artículos parecen guiones de películas de terror territorial, con Pedro Sánchez como William Munny.

Y no son pocos los que, un día sí y otro también, calientan el ambiente entre el Rey y el presidente del Gobierno en funciones a ver si explota de una vez el Borbón y se marca un discurso en modo 1-O o peor. ¡A por ellos! ni más ni menos.

Aunque, como es sabido, la política económica la marca y la remarca en lo más esencial la CE, la presencia de podemitas les da para inventarse una ducha terrorífica de economía bolivariana, con privatizaciones, comunas, alós presidente y gulags al ajillo.

Como en la administración vellones tienen el campo de la fake news reducido al más absoluto de los ridículos por el marco europeo, pues ahora están más centrados en inventar todo tipo de embustes sobre las negociaciones entre el PSOE y ERC para la investidura de Pedro Sánchez.

Que si va a aceptar la autodeterminación, que lo del referéndum está hecho, que la independencia es el pago por la investidura, que los presos están ya en la calle, que el Barça va a ganar la Champions League en virtud al pacto de Frankestein 3.0, que Messi tiene garantizado el Balón de Oro por más de lo mismo…

Pero lo peor está por llegar. Cuando empiece a tomar el Gobierno de coalición decisiones por derecho para beneficiar a las clases medias y trabajadores y a los caninos más caninos esta lluvia fina de inventivas, calumnias y gilipolleces crecerá exponencialmente, y las discrepancias serán crisis de Gobierno en lo que tarde en procesarlas un consejo de administración de un gran banco.

Un ruido continuo para que la coalición muera por asfixia, para que la España progresista acabe cautiva y desarmada y para que las derechas gobiernen de nuevo con Casado y Abascal mandando y Arrimadas de jarrillo lata.

Eso sí, veremos a ver si al final, como dijo Ken Follett, solo van a conseguir que Cataluña coja antes de lo previsto un puerta y calle de España.

En fin, lo dicho, un país atado y muy bien atado para que manden y manguen los de siempre.

Ojalá por una vez un Gobierno de izquierdas funcione como un reloj de pared y se lo podamos meter por el culo a estos sinvergüenzas que nos quieren robar la democracia para convertirla en una mordida.

¿Cómo debería ser la operación política-relojera? Sin vaselina, por supuesto.