Entre leones

Golpe bajo a la democracia española

Ya está el gato en la talega; es decir, por fin Pedro Sánchez es presidente del Gobierno. Lo pudo ser en verano, pero ha preferido los rigores del invierno para ponérselo más difícil todavía. Tiene algo de circense este madrileño de Tetuán.

Del debate, más allá de los exabruptos y los desbarres de la muchachada de la extrema derecha –no se he vislumbrado ni una pizca de centrismo por ningún lado, incluido el hijo de Suárez, que dio la espalda en vez de la cara-, destacaría el aguante de Pedro Sánchez –más que un buzo bajo agua, que diría, Pepote Rodríguez de la Borbolla, íntimo de Alfonso Guerra en su militancia antipedrista-, la lealtad de Pablo Iglesias, la crudeza de Gabriel Rufián y, sobre todo, las intervenciones de Aitor Esteban, que, como siempre, son para enmarcar.

El vasco es, de largo, uno de los políticos más serios y sólidos del erial político español, donde abundan los voceros, los mangantes, los trileros y los indocumentados.

Pero a lo que iba: Pedro Sánchez ya logró ser investido. En su toma de posesión bromeó hasta con Felipe VI, que como es sabido es el jefazo de eso que llaman los fascinerosos "altas instancias del Estado".

Más de una y dos han esgrimido lo de las "altas instancias del Estado" para justificar su voto.

Está bien que el Rey bromee, no en vano es un ser humano moliente y corriente: no tiene nada de divino, afortunadamente, aunque estoy seguro que a Leti le gustaría verlo como Jerjes en lo alto de un elefante o mejor a los mando de un ovni.

Pero debería tomarse en serio, muy en serio, el aviso a navegantes que lanzaron Unidas Podemos y el PNV sobre el apoderamiento por parte de la derecha de su regia figura.

No es necesario que un Borbón se haga sindicalista ni que se apunte a un cine club a estas alturas de la historia, pero no estaría nada mal que, en vez de rodearse de asesores y leguleyos rancios y afines a congregaciones religiosas ultraconservadoras, pusiera en su vida a algunos profesionales, digamos, más modernos. Es además lo que le pega a la reina Leti, que, cuando era jovenzuela y molona, ejerció de rojilla.

Y ya puestos, al igual que sudó la camiseta en la investidura de Rajoy, Felipe VI debería explicarle a Pablo Casado que ser patriota conlleva también no bloquear la renovación de las instituciones del Estado, entre ellas la del Poder Judicial.

Si es necesario, con la discreción de la que ha hecho gala en otras ocasiones –por ejemplo, con Antonio Hernando, portavoz para todo del Grupo Socialista de Pedro Sánchez y Susana Díaz-, que haga un aparte con el líder del PP y le deje meridianamente claro que no cuenten ni con él ni con ningún elefante blanco para una eventual asonada, picnic militar o algo parecido en el nombre de la Patria.

No hace falta que le dé un pellizco en los huevos para hacerse entender; se me ocurre que podría sugerirle una revisión de las notas de su carrera por indicación reservada de "altas instancias del Estado". Seguro que Casado, un hombre pragmático donde los haya, entendería la conveniencia de no asociarse tanto con Vox y el brazo militar ultra que encabeza el ex general Fulgencio Coll.

De Arrimadas no digo nada, porque me dan ganas de llorar directamente.

Ahora falta Ana Botín, que está en plena campaña de blanqueo (de imagen). Jesús Calleja, que es un fenómeno, la ha metido por la puerta grande en el mundo de los mortales con un reportaje XXL.

En líneas generales, bien que nos cuente su dieta para perder kilos a los 58 años, que presuma de feminista, que le mole lo del cambio climático, que con su madre mal pero bien. Bueno, lo de que los bancos no desahucian desde 2012 no se lo cree ni la presidenta del Banco de Santander. Tendrá que reunirse consigo misma para revisar esas cifras tan vacilonas.

Pero ya puesta de blanco, podría darle una vuelta a los grandes medios de comunicación, que se han tirado al monte –hasta El País empieza otra vez a ser infumable- contra un Gobierno que aún no está ni constituido.

No en vano, ella y su banco son los dueños y señores de casi todos esos periódicos y televisiones que más que ejercer la libertad de expresión contra el Gobierno de Pedro Sánchez –sin los 100 días de gracia, claro- están creando el caldo de cultivo para propinarle un golpe bajo a la democracia española.