Entre leones

Los muertos de los muertos

Mi abuelo Juan Bermúdez Cerdán decía, en plena senectud, que yo podía hablar con los muertos. Lo conté y un amigo me dijo: estás vacilando como Pepe Caballero Bonald en sus memorias.  Más quisiera yo escribir un verso parecido.

Mi abuelo se lo decía sobre todo a mi madre, que era la más buena e ingenua de su prole, y no tenía editor. El caso es que yo hablaba con los amigos de mi abuelo vivos y muertos, sin prejuicios, sin distinción.

El disparate llegó tan lejos que un día mi abuelo me contó que a veces hablaba con Almanzor; sin darme detalles: mi abuelo siempre fue muy discreto. Y me prometió que algún día me lo presentaría. Se murió y se le olvidó.

Con los años, todos relacionaron mi don con el brote de senectud de mi abuelo, hasta que mi hijo Jorge me juró y me perjuró haber conocido a Skywalker en el meadero de una discoteca de bacalao con tomate. Yo lo atribuí a los gelocatiles o similares que se tomaba la muchachada.

Pero me atreví a decirle a mi mujer: "Coño, a ver si esto es un don familiar".

-"Tu estás chalao", me respondió a quemarropa. Y yo, sindicalista de CCOO con muchos trienios a mis espaldas, me achanté, y apenas la repliqué con un "cariño" que me salió entrecortado del fondo del estómago y sin duda con acento a derrota total.

El caso es que esta noche, esta misma noche, me he despertado con más ganas de escribir que de mear. Porque, aunque la próstata está a estas edades más estropeada que mi afán literario, tenía ganas de juntar palabras.

Y con nocturnidad y alevosía, casi en la clandestinidad de Radio Pirenaica que escuchaba mi padre y todos los rojos con dos cojones, os tengo que contar que el próximo martes el Gobierno de España de los españoles se van a cargar como presidente de Puertos del Estado a Salvador de la Encina por la cara, por la mismísima cara. Y lo cuento no por dar una exclusiva, que aquí las exclusivas solo la dan los plumillas del Gobierno con sus filtraciones, sino en legítima defensa. O eso pienso yo, que soy libre para decir lo que me salga de las pelotas, ¿no?

¿Por qué? Creo que se lo llevan por delante por hacer las cosas entre bien y muy bien, y para colocar al presidente del Puerto de Castellón, que se ha hecho un publirreportaje del carajo pipa en El Mundo, un periódico de extrema izquierda, socialista para más inri. ¡Qué arte y poca vergüenza!

En cualquier caso, ponen fin a un víacrucis de Encina –un hombre honrado, rara avis- de casi un mes de filtraciones patrocinadas por el gabinete de prensa del propio ministro, que después de manejar este asunto como el culo está hasta ofendido, pobre mío, como si no tuviera suficiente con Venezuela.

De hecho, creo que, analizada la jugada por el VAR, Salvador tiene la culpa de la broma venezolana (que conste y pase a los anales de la TIA socialista que para mí es una carajotada), incluidas las cinco versiones distintas para salvarle la cara a las inversiones patrias en un reservado VIP de Barajas. ¡Tiene cojones empezar en las Juventudes Comunistas para acabar en las manos de una camarada negada estratégicamente!

Pero volvamos al turrón, a Encina se lo cargan hasta con leones. Ábalos no tiene intención de recibirlo porque aunque no ha dicho ni pío le atribuye una campaña orquesta por la banda de música de la RTVE. Lo ha despachado Pedro Saura con un padrenuestro y un avemaría.

¿Será por el coronavirus? Susana Díaz tenía más corazón: te mandaba un matón y te cortaba la bilirrubina o el salario mensual. Pero después te rebotaba unas entradas de barrera para la Feria de Sevilla o te regalaba un clavel reventón, mi alma.

A Pedro por poco no lo deja entrar en la Feria de Sevilla. Pero pelillos a la mar.

Será que ahora tenemos que hacernos susanistas por decreto.

Qué desastre, qué decepción, qué putada. Tiene uno la sensación de haber estado batallando en el ejército equivocado. Cuando la vida es corta y encima se acorta por una enfermedad es absolutamente descorazonador este pasteleo de mierda.

A mi mujer, le he dicho; cariño, quítate de en medio, que si alguien te merece soy yo y te prometo Casablanca con el negro al piano.

Pedro y Ábalos no son nada sin la gente que le apoyó cuando eran, según los amigos de mi abuelo, auténticos expertos en la materia, cadáveres políticos andantes.

Les quitas la farfolla de asesores, empleados y correveidiles y son simples ciudadanos, lo más grande que pueden ser un presidente del Gobierno y un ministro de  carreteras, puertos y canales.

Pero así son las cosas, donde están mis amigos que se vayan a freír mona mis compañeros, ¿no?

Pues va a ser que no mientras que no sea no.

Como dice un amigo mío, esto de perder por perder es un puto vicio.