Entre leones

Pacheco

En estos días de coronavirus, una quincena de periodistas veteranos, capitaneados por Rafael Plaza y Antonio Yélamo, cometimos la imprudencia de reunirnos entre besos, abrazos y caricias en la Venta Esteban de Jerez, con el Tío Pepe como principal aliado frente al Covid-19.

Y lo hicimos en torno a un viejo amigo, Pedro Pacheco, alcalde de Jerez entre 1979 y 2003.

Recordamos viejas historias –siempre con Pacheco como protagonista-, nos reímos con reflexiones y salidas de tono de titulares a cinco columnas, y nos emocionamos hasta descargar alguna lágrima y hasta atragantarnos con algún recuerdo cubierto de telarañas.

No sé si el buen rato que echamos fue pura melancolía. Quizás sí.

Pero a lo mejor la concentración era algo que le debíamos a Pedro Pacheco, que pasó cinco años en la cárcel por condenas que, en algunos casos, merecerían como única respuesta aquello que él mismo dijo en los ochenta cuando los tribunales no ordenaron derribar el chalé ilegal de Bertín Osborne: "La Justicia es un cachondeo".

Pero la más escandalosa de las condenas fue la de cuatro años y medio que recibió por la contratación de dos asesores de su partido. Por poner un ejemplo, una veintena tiene la actual presidenta de la Diputación de Cádiz.

Si la Justicia hubiera seguido por esa senda de no dejar pasar ni una, las cárceles españolas se hubieran transformado en Casas Consistoriales, con letrados y magistrados en el amplio elenco compartiendo economato con políticos, registradores, notarios, picoletos y maderos. Sería algo así como Todos a la cárcel, de Berlanga, pero con más mortadela que glamour.

En cualquier caso, siempre he defendido –tirando de las enseñanzas heterodoxas sabinianas- que hay que estar con los amigos, con razón o sin razón. En este caso, con razón, con mucha razón, sin dudas pese a los cinco años de talego.

Pero si no hubiera sido así, los abrazos de oso, los besos de con lengua, los apretones de manos recios y las palabras directas al corazón hubieran sido los mismos. Si hay que perder, se pierde, y más por un viejo amigo. Esos tipos que siempre están al lado de los que ostentan el poder, ‘genuflexores’ profesionales, son en verdad unos auténticos perdedores.

Y quiero aprovechar para trasladarle un agradecimiento sincero a Pedro Pacheco y a muchos alcaldes gaditanos de 1979 –José Antonio Barroso, de Puerto Real, y Carlos Díaz, de Cádiz, Eduardo López Gil, en San Roque, entre otros-, que cambiaron nuestras ciudades y pueblos, donde éramos mayoría los vecinos con las casas ‘desconchás’ y las calles sin asfaltar, recién aterrizados en una democracia cogida con alfileres y con más hambre de todo que un perro chico.

Pacheco, acompañado por Manuel González Fustegueras y Antonio Reyes y Pedro Grimaldi, entre otros, cambió en los dos primeros mandatos Jerez, que hoy es una ciudad que se expande con unos patrones de crecimiento que la decadencia de los últimos años no ha podido borrar y que perdurarán pese a los yerbajos que crecen sobre las buenas ideas.

Y en el ambiente siempre quedará esa programación cultural que convirtió a Jerez en uno de los lugares más interesantes y modernos de Andalucía.

En fin, escribo este artículo para dejar meridianamente claro que yo sí estuve en el homenaje a Pedro Pacheco.

PD: -Por cierto, ¿qué es eso del premio Manuel Clavero Arévalo? Debería haber sido el premio Rafael Escuredo, pero al aceptar el sevillano ser el primer galardonado del regalito del PP al ex ministro de la UCD por su mala conciencia autonómica, no me cabe ninguna duda de que el premio debería llevar el nombre de Plácido Fernández Viagas, presidente de la Andalucía preautonómica.

-Por último, digo alto y claro que el mejor candidato que el PSOE y el resto de las formaciones progresistas andaluzas pueden tener para sacar del poder a Moreno, a Bendodo y a los 100.000 hijos de San Luis en las próximas elecciones es Juan Espadas.