Entre leones

La desfachatez por bandera

El PP, con Casado ahora, con Rajoy y Aznar antes, siempre ha empleado la misma táctica: cuanto peor, mejor.

A Felipe González lo echaron a golpe conspiración mediática, aprovechando, eso sí, los brotes de corrupción que generó el PSOE de la época: Filesa, Malesa, los GAL, Roldán, Juanito Guerra y algunas guarrerías más. Ahí quedan unos pocos ejemplares del llamado sindicato del crimen que podrían dar testimonio de lo afinada que estaba la conspiración y de los paganinis de tamaña sinfonía de navajas albaceteñas.

A ZP lo torpedearon inmisericordemente por mantener una férrea voluntad política de acabar con ETA. Un auténtico sacrilegio para el PP, que hizo de la banda terrorista su bandera electoral. La caverna mediática de la época, con sus peones negros todavía dispuestos a reengancharse, puede dar fe de lo coordinado que estaba el discurso político tremendista de los populares con las portadas de etarras por yihadistas de aquellos días de mentiras y cintas de casete de la orquesta Mondragón.

Mintieron como bellacos y ahora, con Casado, están en lo mismo. Isabel Díaz Ayuso, que tiene la escuela de Esperanza Aguirre, lo hace como una cuestión de principios: lo lleva en el ADN. Para tapar la desvergüenza de una gestión del coronavirus que está detrás de la muerte de miles de ancianos madrileños sin seguro privado, un día sí y otro también culpa al Gobierno de España de confinar a los madrileños a punta de pistola. ¡Carcelero, carcelero!, cantaba Caracol. Hay que ser muy golfa (políticamente hablando, claro) para practicar tanta desfachatez, para atesorar tan poca vergüenza sin despeinarse.

Ahora, el líder de la derecha española se cierra en banda ante una negociación para renovar el Consejo General del Poder Judicial con la excusa de que Unidas Podemos no puede estar sentada en la mesa porque son muy malotes y se meten con la monarquía. Flaco favor le hacen a Felipe VI con tanto alarde monárquico derechista y ultraderechista.

La próxima vez quizás no cumplan con sus obligaciones constitucionales alegando que Pedro Sánchez tiene los pies muy grandes, ¿no? A Silverio, el primer gran cantaor payo, se lo afeó una gitana.

El caso es dividir a los españoles, meter cizaña, impedir que sus conmilitones se comporten como buenos patriotas y apoyen a su presidente del Gobierno, aunque solo sea en un caso de emergencia nacional como el que vivimos todos los españoles, incluido los madrileños, que, según las luces de Ayuso, son españoles al cuadrado.

El patriotismo solo tiene vigencia cuando ellos están en el poder, gestionando, por supuesto eficientemente, pero me llevo 33. Entonces sí que existe la responsabilidad de Estado; eso sí, siempre para los partidos de la oposición.

Lo peor de todo esto es que Casado se mantiene emboscado en este y otros asuntos después de que el Tribunal Supremo haya retratado al PP como un partido corrupto, muy corrupto, que se financió de la ‘red Gürtel’ a dos manos. En la foto de familia, cuan Cosa Nostra, no se escapa ni Casado, que en esos días era ya un cachorro exprés y aprobaba por castigo. Un milagro de estudiante.

Por cierto, ¿un partido como el PP cogido con el carrito de los helados no merecería una clausura gubernamental por falta de higiene democrática en su cocina? ¿No debería colgar ya en su sede de Génova ‘cerrado por poca vergüenza’?

Pues parece que no, que Casado y los suyos mantendrán abierto el chiringuito para mayor gloria de sus militantes y simpatizantes, que, según la última encuesta del CIS, están primando unas décimas tal exhibición de latrocinio.

Por lo visto, la bandera de la desfachatez es un arma cargada de futuro en este peculiar universo conservador de (T)rinconete y Cortadillo.