Entre leones

Giro al centro sin Redondo

Pedro Sánchez e Iván Redondo en 2019. (EFE)

La crisis del Gobierno representa, con el nombramiento de Nadia Calviño como vicepresidenta primera del Ejecutivo, un giro al centro de Pedro Sánchez ante un PP cada vez derechizado. De camino, deja espacio a Unidas Podemos a la izquierda.

La ortodoxia económica de Nadia Calviño ocupa el puesto de una Carmen Calvo cansada y amortizada después de estos años de duro trabajo al servicio de Pedro Sánchez.

Otra clave importante es la salida de Iván Redondo de Moncloa. El superjefe de gabinete, un personaje incómodo en Ferraz y en el Grupo Parlamentario Socialistas, deja su puesto a Óscar López, un amigo al que Pedro Sánchez pagó generosamente su deslealtad con un destino en Paradores del Estado. Ahora, tras tan cómoda y turística travesía en el desierto, lo recupera como parte de su círculo de más confianza. 

De entrada, es de suponer que Óscar López, un socialista con gran conocimiento orgánico –fue secretario federal de Organización con Zapatero-, mejore unas relaciones entre Gobierno y partido cada vez más deterioradas por las continuas injerencias de Redondo y sus colaboradores en el PSOE.

En la recuperación de la sintonía perdida ayudará y mucho –en este caso con el Grupo Parlamentario Socialista- la llegada del secretario de la Presidencia, Félix Bolaños, al Ministerio de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática. Otro hombre del partido en el Gobierno, sin dudas.

El tercer miembro de un tridente de coordinación de lujo para un nuevo tiempo debería ser Santos Cerdán, en calidad de secretario de Organización en sustitución de José Luis Ábalos, que deja también el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, puesto que ocupará su paisana, Raquel Sánchez, alcaldesa de Gavá. Cerdán es lo más sensato que tiene Pedro Sánchez a mil kilómetros a la redonda (sin nada que ver con Iván).

El ‘puerta y calle’ de Arancha González Laya, una recomendada de Nadia Calviño, tiene que ver con la crisis con Marruecos y, sobre todo, las dificultades de interlocución que ha tenido España bajo su mandato en el escenario internacional, que se puso de manifiesto con la entrevista relámpago entre Joe Biden y Pedro Sánchez. José Manuel Albares, hasta ahora embajador en París, es un diplomático muy experimentado y de plena confianza del presidente del Gobierno. Es una elección muy certera y a mano para recuperar el tiempo perdido. Los experimentos, con gaseosa.

Por distintos motivos salen Juan Carlos Campo (indultos), José Manuel Rodríguez Uribes (poco perfil cultural), Pedro Duque (de más a menos), Isabel Celaá (quemada) y Miquel Iceta (cambio de ministerio).

La sustituta de Campo, Pilar Llop, deja el puesto de presidente del Senado a Ander Gil. La alcaldesa de Puertollano, Isabel Rodríguez, ocupará el Ministerio de Política Territorial, que deja vacante Miquel Iceta, que ocupará la cartera de Cultura. La primer edil castellano-manchega ocupará también la portavocía del Gobierno. A Pedro Luque le sustituye en Ciencia e Innovación la alcaldesa de Gandía, Diana Morant. Y la aragonesa Pilar Alegría sustituirá a Isabel Celaá en Educación.

Continúan, aparte de los ministros de Unidas Podemos, Teresa Ribera en Transición y Vicepresidencia Tercera (una apuesta irrenunciable), Margarita Robles en Defensa (un pilar básico del ala más centrista del Gobierno), Fernando Grande-Marlaska en Interior (gran trabajo en la lucha contra el narcotráfico, principalmente), María Jesús Montero en Hacienda (muy sólida en la cartera, desgastada como portavoz), José Luis Escrivá en Inclusión, Seguridad Social y Migraciones (otra garantía para los mercados) y Carolinas Darias en Sanidad (línea continuista con Salvador Illa).

Estoy convencido de que Pedro Sánchez llevaba tiempo madurando esta remodelación de Gobierno, que representa una mayor feminización y municipalización, con la entrada de tres alcaldesas.

El desgaste electoral que le ha provocado la Covid-19, con los resultados electorales de Madrid, la crisis económica y los indultos aliñándolo, merecía un impulso para afrontar la obligada recuperación que se vislumbra en el horizonte y tanto inquieta al PP (Ciudadanos) y a VOX. 

No se sabía con certeza si sería antes de las vacaciones estivales o para las calendas de septiembre. Pero estaba claro que la segunda etapa de la legislatura, una vez garantizada la mayoría parlamentaria, necesitaba estos cambios si quería quitarse del cogote el aliento electoral de la derecha y la extrema derecha, y la presión de sus mariachis mediáticos para intentar provocar unas elecciones en noviembre.

De cómo se las gastan –no dejarán pasar ni una sola oportunidad para convertir España en un lodazal- nada más que hay que analizar el comportamiento gamberro y mal educado que empleó el viernes la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en su visita institucional a Pedro Sánchez en el palacio de la Moncloa.

Está claro que la brocha gorda que empleó la lideresa de los bares madrileños, con una pertinaz insistencia en el reproche por los indultos y una acusación desvergonzada de que "España se rompe" con Pedro Sánchez, no era cosa suya –ni siquiera de MAR, su infumable asesor-, sino de su jefe de filas, Pablo Casado, que, con tal de desgastar al presidente del Gobierno, no le importó que la Ayuso, en estado puro y vestida de blanco y negro, le suplantara.

Cuando aún no se conocía íntegramente la remodelación, la portavoz del PP en el Congreso, Cuca Gamarra, salió también por peteneras pidiendo al presidente que disolviera las Cortes: "Cambiar los guiñoles no sirve de nada si los independentistas siguen moviendo los hilos".

Por estos, que ponen en riesgo la convivencia en un acto continuado e hipócrita de amor a España y no respetan las reglas de juego democráticas de renovación de las instituciones, espero y deseo que el nuevo Gobierno tenga algo más de colmillo, incluso que salga artillado en defensa de derechos y principios que esta tropa tardofranquista quiere pulirse.

Por cierto, a propósito de la muerte política de Telemadrid, un simple poema de Antonio Machado para recibir a porta gayola a sus nuevos inquilinos: "Vosotras, las familiares,/inevitables  golosas,/ vosotras, moscas vulgares,/me evocáis todas las cosas… Inevitable golosas,/ que ni labráis como abejas/ ni brilláis cual mariposas;/ pequeñitas, revoltosas, vosotras, viejas amigas,/me evocáis todas las cosas".