Entre leones

El 'procés' andaluz

Cuando el alcalde de La Línea, Juan Franco, planteó por primera vez la conversión de esta villa campogibraltareña de 63.000 habitantes en una ciudad autónoma similar a Ceuta y Melilla a través de un referéndum, taché la iniciativa de "ocurrencia" y cifré el recorrido político en los metros que van del Consistorio al arroyo Cachón, límite con San Roque.

Pues bien, me equivoqué: pese a que el recorrido del llamado ‘procés andaluz’ seguirá siendo corto –no llegará al Congreso de los Diputados, a no ser que La Línea 100x100, el partido del alcalde, se eche en brazos de los independentistas catalanes, el PNV o Bildu-, la repercusión mediática está siendo extraordinaria.

Que una ciudad como La Línea, con déficit endémico marcado por un término municipal de escasamente 19,2 kilómetros cuadrados, sin ninguna industria especialmente pujante, airee en Andalucía y España la situación de abandono que ha vivido durante demasiados periodos desde su segregación de San Roque en 1870, no es una ocurrencia, es sencillamente una operación de márketing político de primer nivel.

Solo el cierre mismo de la Verja de Gibraltar en 1969 representa una deuda histórica monumental con el pueblo de La Línea, que se vio mermado en algo más de 30.000 personas en pocos meses al verse obligados a una emigración forzosa a Cataluña, País Vasco, Alemania, Suiza, etc.

Juan Franco es un político que conoce el ‘paño’ municipal como pocos ediles en España; no en vano es un alto funcionario del Ayuntamiento linense: un probo funcionario público.

Aparte de su competencia profesional y su profundo conocimiento de la administración local, en el alcalde de La Línea prima el sentido común y la sensatez. Quizás por todo ello y por la convicción y por el empuje que imprime a sus iniciativas de ciudad, logró 21 de 25 concejales en las últimas elecciones locales. Es probablemente el alcalde más votado de España.

Además de garantizarle una mayoría aplastante, este resultado convirtió a La Línea 100x100 en un partido bisagra para la gobernabilidad tanto en la Mancomunidad del Campo de Gibraltar y la Diputación de Cádiz.

Los pactos suscritos con el PSOE por Franco a nivel comarcal y provincial le han dado importantes réditos presupuestarios para La Línea y un gran peso político a él mismo en esos dos escenarios.

Gracias a ese poderío más allá de La Línea y a una importante movilización ciudadana, Franco consiguió que Red Eléctrica de España (REE) renunciara a ubicar la subestación para la interconexión eléctrica entre Península-Ceuta en Los Portichuelos, en La Línea, fijada en 2016 por el Gobierno de Mariano Rajoy.

Aunque la subestación está a cinco kilómetros de las viviendas más cercanas y parte del suelo no urbanizable que supuestamente se vería afectado por tan controvertida instalación está condicionado por la legislación andaluza contra incendios y procesos especulativos durante 30 años, Franco está en su derecho de proteger de la forma que crea más conveniente el desarrollo turístico de su término municipal y, sobre todo, la salud de sus convecinos.

Eso sí, con un informe jurídico más elaborado, que explique más y mejor el "significativo impacto sobre la salud" del cable. Quizás en vez de un abogado ad hoc la próxima vez se debería recurrir a un científico independiente, ¿no?

Porque no puede ser que para satisfacer las legítimas exigencias del alcalde de La Línea, la subestación acabe en Puente Mayorga, en el municipio cercano de San Roque, a escasos metros de unas viviendas donde residen ciudadanos sanroqueños tan ciudadanos como los de La Línea, los de Algeciras, los de Los Barrios, los de Tarifa, los de Castellar, los de Jimena o los de San Martín del Tesorillo. E incluso vive o vivió la concejala de Medio Ambiente de La Línea, Raquel Ñeco. Sería interesante conocer su opinión por motivos antropológicos, ¿no?

Y, sobre todo, una subestación que está a 50 metros de un colegio público lleno de niños tan niños como los de La Línea, los de Algeciras, los de Tarifa, los de Los Barrios, los de Castellar, los de Jimena o los de San Martín del Tesorillo.

Más le valdría a REE buscar una nueva ubicación –además, en Puente Mayorga tiene que plantear una modificación del plan urbanístico-, lejos de colegios y viviendas, si no quiere convertir el necesario proyecto de abastecimiento eléctrico en un problema de orden público.

Carlos Cano cantaba: "Guardias, no tires pelotas, que para pelotas, Puerto Real". De Puerto Real a Puente Mayorga se llega en lo que se canta una soleá.