Entre leones

El verano del PP

El reflejo del presidente del PP, Pablo Casado, en un cristal de la sala de prensa de la sede nacional del partido, en la madrileña calle de Génova, en una comparecencia para comentar asuntos de actualidad. E.P./Eduardo Parra
El reflejo del presidente del PP, Pablo Casado, en un cristal de la sala de prensa de la sede nacional del partido, en la madrileña calle de Génova, en una comparecencia para comentar asuntos de actualidad. E.P./Eduardo Parra

Ni en verano nos dejan tranquilos. A las derechas se les ha metido entre ceja y ceja que Pedro Sánchez tiene que convocar elecciones anticipadas en noviembre o quizás en diciembre.

Les urge crispar todo lo que puedan y más para que la legislatura no se adentre en el terreno de la mejoría, lejos del catastrofismo de España se rompe, España se hunde o sencillamente España se va al mismísimo carajo, que sus altavoces mediáticos, escribanos, tertulianos y otros especímenes que comparten el fondo de reptiles nos repiten continuamente como una letanía.

Es decir, no quieren ni muertos una nueva normalidad donde más del 70% de la población tendrá las dos dosis de la vacuna contra la COVID-19, donde los fondos europeos empezaran a aliviar a la maltrecha economía española, donde el empleo volverá a dígitos más benignos. Que España crezca por encima de la UE.

Ya parece difícil –aunque lo intentarán hasta el final- que puedan estropear la recuperación económica a través del comando de europarlamentarios que dirige Esteban González Pons y José Manuel García-Margallo, dos patriotas a la violeta que en Bruselas se dedican a torpedear cualquier iniciativa del Gobierno de España en nombre de España.

Este ‘Europa nos salvará de Pedro Sánchez’, de un quintacolumnismo miserable, rayano en la traición, es compartido por las otras derechas –VOX y Ciudadanos- con el mismo estrepitoso fracaso de crítica y público. Beben y vuelven a beber la misma mala leche.

VOX, además, se enchufa al asunto Gibraltar, un clásico en las serpientes de verano para estos patriotas de pacotillas, forjados entre gañoteros, oportunistas y carroñeros. Macarena Olona, secretaria general del Grupo Parlamentario de esta formación de extrema derecha, ha pedido de nuevo el cierre de la Verja, ha llamado pirata a Picardo y ha comparado al alcalde de La Línea, Juan Franco, con Puigdemont. Normal. Moralmente, esta abogada del Estado tiene el norte y el sur cambiados después de la relación familiar con los Pujol y el resto de la banda de delincuentes de cuello blanco que se cobijó en Convergencia al grito de guerra del ¡viva Zapata y el 3%!

Pero las descalificaciones y los insultos, marcas de la casa, son terreno abonado para que Santiago Abascal se haya paseado ufano en estos días con unas chanclas poco masculinas por el polo de Sotogrande. ¡Flaco favor le hace al verano sanroqueño este artista del alambre, experto en ‘no pegar golpe al agua’!

La última bala estival de las derechas en pos de unas elecciones anticipadas la ha gastado el tal Pablo Montesinos, antaño periodista monclovita que interpelaba a Soraya Saenz de Santamaría para empujarla ("me encanta que me hagas esa pregunta, Pablo", le decía reiteradamente la vice) y ahora vicesecretario de Comunicación del PP, en una entrevista en Antena 3, esa tele cómplice y amiga.

El gachó, a propósito de la necesidad de bajar el precio de la luz, le planteó al presidente del Gobierno que "si no puede o no quiere, que es lo que parece, lo que tiene que hacer de una vez por todas es permitir a los españoles hablar en las urnas".

Que el Gobierno del PP lo primero que hizo en 2011 fue sacar adelante un decreto-ley frenando en seco las energías renovables, que después implantó el impuesto del Sol y que no ha apoyado la reducción del IVA de la electricidad, forman parte de la desmemoria que les lleva a olvidar todo su pasado, incluido el largo historial delictivo que lleva escrito a fuego en la letra pequeña de su ADN.