Entre leones

Ojana de Ayuso

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (i) y el presidente del PP, Pablo Casado (d), durante la sexta jornada de la Convención Nacional del partido, en el Auditorio de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, a 2 de octubre de 2021, en Valencia, Comunidad Valenciana (España).- EUROPA PRESS

El pasado sábado, en un acto en Valencia con 1.500 afiliados del PP, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, le prometió al líder popular Pablo Casado fidelidad por los cuatro costados y todo el apoyo del mundo para que más pronto que tarde alcance la playa de La Moncloa. A la par, se borró como alternativa en presencia de la mujer del susodicho, que no le perdió ojo. Casado, más susodicho que nunca y aparentemente satisfecho por la genuflexión política de IDA, le respondió llevándose la mano derecha al corazón.

Ojana (un intento de engaño mediante la adulación o cualquier otro cobazo) de Ayuso. La locución ‘dar coba’, que significa regalar los oídos de alguien con elogios o halagos fingidos, viene como anillo al dedo al paripé que interpretó la señora presidenta de la Comunidad de Madrid en el acto de santificación política por etapas de Casado, como una Vuelta a España en siete días con final en Valencia, tierra de flores, luz, amor y una cuesta final de 17 casos de corrupción del PP (Erial, Tierra Mítica, Gürtel, Trajes, Fitur, Financiación del PP, Visita del Papa, Fórmula 1, Brugal, Emarsa, Imelsa, Fuego, Pitufeo, Nóos, Carlos Fabra, Cooperación e IVAM)

Pura desfachatez por su excesiva desvergüenza y sus formas impostadas, sin olvidar el máster como demagoga, instalada en la postverdad, siempre distorsionando deliberadamente la realidad, manipulando creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales frente a los bares, IDA lo bordó con su excusatio non petita, accusatio manifiesta en el confesionario del Palacio de las Artes.

Después de la faena con la hostelería madrileña, lo mejor de lo mejor de esta nueva Olga Ramos de chotis político ha sido esta especie de rendición con una declaración de guerra. Sí, porque tras "presidir la Comunidad de Madrid es mi meta política", tras "tengo meridianamente claro dónde está mi sitio y es Madrid", tras la mirada juvenil de Nuevas Generaciones y otras vainas, hay una paz romana marcada por un calendario adverso de Ayuso, pero contiene también una tensión de un enfrentamiento a la vuelta de la esquina.

Pero Casado no debe ponerse nervioso, Ayuso rompe la pana en Madrid -toda hace indicar que si la izquierda no resucita, logrará mayoría absoluta dentro de dos años-, pero allende de la comunidad capitalina sólo recoge desafección y mal rollo. Madrid, rompeolas de las Españas, tiene mala prensa en provincias con esta embajadora más chula que un ocho.

Además, Iván Redondo, una especie de Rappel de la política patria -de pelos anda tan justito como el vidente televisivo aunque se desmelene a la turca-, lo tiene claro: Casado será el próximo popular que llegará a la presidencia del Gobierno. Lo dijo en el programa de Évole. Por cierto, más que fontanero de altos vuelos, parecía el jefe. Las últimas tomas lo retrataron delante del espejo. ¿Narcisista? Entre Cruela de Vil (101 Dálmatas) y el Sr. Burns (Los Simpsons), pero que se vea la camiseta blanca en este párrafo, por favor.

A ver cuánto tarda el PP en recuperarlo. Uno, dos, tres... Hace unos días estaba convencido de que votará ‘allí y ahora’ a Pedro Sánchez, a quien vaticina que ganará las próximas elecciones si sigue la línea de los tres años y medio en los que el presidente del Gobierno ha colaborado con él. Ah, no. ¿Es al revés? Habrá que volver a ver la entrevista a cámara lenta para apreciar la letra pequeña.

Pero su lealtad a los socialistas debe ser tan firme como la que le mostró a los populares extremeños y badaloneses. A fin de cuentas, es un asesor que se mimetiza con el terreno de juego, le pega con las dos piernas (la izquierda Puskás y la diestra de José María Aznar) y tiene la cara más curtida que El hombre de la máscara de hierro o quizás que la de Iron Man en horario laboral.

Quién sabe, a lo mejor acaba trabajando para Ayuso en esa guerra aplazada por el calendario, y la próxima vez nos sorprende a todos situándola como la próxima presidenta de EEUU. Las visitas a NY, que las carga el diablo.