Entre leones

Otra España es posible

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se dirige a la bancada del PP en el debate de los Presupuestos.- EUROPA PRESS

No me cabía ninguna duda de que finalmente el PSOE reconduciría las relaciones con el PNV y ERC para mantener la mayoría que le permitirá al Gobierno aprobar los Presupuestos Generales del Estado para 2022 en el Senado.

Históricamente, el PNV nunca ha desaprovechado una ocasión de sacar tajada legítimamente de un presupuesto público, pero a su vez siempre ha dejado constancia de tener sentido de Estado a su manera. Políticamente, conforman legislatura a legislatura el grupo más sólido de las Cortes españolas. Ahora, con Aitor Esteban al frente de su bancada, más si cabe. Es, libra a libra, uno de los mejores parlamentarios de las últimas décadas.

En cuanto a ERC, pues hizo todo lo que pudo y más cuando Pedro Sánchez rechazó un acuerdo de gobierno de Unidas Podemos y nos llevó a unas nuevas elecciones. Los comicios solo beneficiaron al PP y a VOX, y el madrileño corrió a los brazos de Pablo Iglesias para sellar un acuerdo de gobierno. Donde dije digo, digo Diego. La lógica del poder: puro pragmatismo.

En aquellos días que se querían evitar unas nuevas elecciones, Gabriel Rufián, un político que no para de crecer y que mantiene su vena jacobina intacta, intentó por todos los medios que Pedro Sánchez no cometiera un error que podía poner en peligro la mayoría de progreso que le respaldó en la moción de censura contra Mariano Rajoy. No lo logró, pero posicionó a ERC como nunca antes.

Ahora, en este nuevo escenario de riesgo, el PNV ha hecho lo que mejor sabe hacer: negociar hasta el último minuto. En esta ocasión, aprieta las clavijas al Gobierno por el soterramiento del AVE a su entrada en Bilbao y Vitoria. Una obra clave para los nacionalistas, que saben que obras son amores, que no buenas razones.

Mientras tanto, ERC se dedica a lo que más le gusta: sacar pecho identitario. Como casi siempre, con la lengua. Ahora pretenden que el Gobierno obligue a Netflix, HBO y otras grandes plataformas a reservar un 6% de la producción en catalán y otras lenguas cooficiales. ¿De verdad es lo que necesitan el catalán y las otras lenguas? Me da a mí que poco o nada, sobre todo el catalán. Quizás en Cataluña quien empieza a necesitar una ayudita es el español, ¿no? Y lo digo yo, que no soy ni seré sospechoso de militar en la caverna idiomática española, pero defiendo el bilingüismo, el trilingüismo…

Dicho esto, chapó para EH Bildu. Les pedimos que dejaran de apoyar a ETA, que ya estaba bien de tanta complicidad con la banda terrorista, que debían bajarse de la barbarie, etc. Y que si renunciaban a esa deriva de bombas y tiros en la nunca, podían hacer política. Cumplamos la palabra y aparquemos nuestro odio y nuestros prejuicios de una vez por todas para que descansen en paz todos los muertos, incluidos los suyos.

Y una enhorabuena para el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y para el secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, que han hecho un trabajo muy profesional sin la alharaca en La Vanguardia en pretérito imperfecto.

En definitiva, todo hace indicar que la mayoría que ha venido sustentado a Pedro Sánchez salvará el escollo presupuestario en el Senado. Creo sinceramente que el actual presidente del Gobierno, que está llevando sobre sus espaldas uno de los periodos más difíciles de la historia de España -como dice el chiste, solo le falta verse obligado a montar un gabinete de crisis para afrontar una invasión alienígena-, se lo ha ganado a pulso.

Y, por supuesto, los españolitos que votamos por ‘otra España es posible’, lejos del tardofranquismo que milita en la derecha y la extrema derecha española.

Por muchos pecados que acumulemos socialistas, comunistas, independentistas, feministas, mariquitas azúcar, seguidores del Papa Francisco, compañeros del Metal, etc., no nos merecemos la España gris y llena de odio que esta tropa de Casado, Ayuso y Abascal nos quieren imponer.

Merecen una década más en la oposición para que aprendan a besar por donde pisó Almudena Grandes ese Madrid abierto, hospitalario y más chulo que un ocho. Hay que ser mal nacido para no lamentar una perdida humana, pero hay que ser un bicho muy malo para negarle un simple Descanse en Paz a Almudena Grandes.

Eso sí, cuando Rajoy, en la presentación un libro de plasma que parece mercancía de sex shop, reivindica al Rey emérito, aplauden con las orejas a la corrupción. Es la España de ¡vivan las cadenas!, de ¡viva la muerte! La misma con otros collares.

Mantengámoslos una década sufriendo síndrome de abstinencia, con las manos lejos del erario público.