Entre leones

Pedro, el ruido y la furia

Pedro Sánchez en una comparecencia en Moncloa.- E. Parra. POOL / Europa Press

El alza de los precios, con los combustibles y la electricidad batiendo récords un día sí y otro también, ha instalado en España un malestar social que no se recordaba desde la Transición democrática, cuando el paro estaba por las nubes, ETA mataba sin descanso y la inflación estaba desbocada.

La oposición política está aprovechando la coyuntura para intentar una vez más adelantar las elecciones. Con el presidente de la Plataforma Nacional del Transporte, Manuel Hernández, como punta de lanza, PP y Vox echan gasolina al fuego del malestar. El nuevo líder de los populares, Alberto Núñez Feijóo, enseñó la patita acusando al Gobierno de dejadez e indolencia, y el máximo responsable de la extrema derecha, Santiago Abascal, está a pique de un repique de aparecer en un piquete o en un coro rociero junto a su conmilitón de las patillas.

La segunda parte contratante del Gobierno, Unidas Podemos e Izquierda Unida, parece estar instalada en la bancada del descontento de los socios de investidura de Pedro Sánchez, ERC, el PNV, Compromís, etc.

En este caso, el detonante ha sido el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Marruecos, aunque cualquier ocurrencia rayana en el disparate hubiera servido para encender la mecha.

Un logro, por cierto, que tiene mucho que ver con el sentido común, una decisión de ‘realpolitik’. Tiene toda la razón Zapatero cuando defiende este término acuñado por Bismarck como la única política posible. Lo demás, paparruchas.

Eso sí, la faena diplomática se ha producido a costa de sacrificar el tradicional apoyo a las infructuosas resoluciones de la ONU en favor de una propuesta no descabellada de autonomía para el Sáhara Occidental formulada por Marruecos.

Un giro doloroso en lo sentimental (los corazones de los españoles están más cerca de los saharauis que de los marroquíes), pero inevitable ante un vecino incómodo, con Ceuta y Melilla y la inmigración como armas arrojadizas en manos de un régimen dudosamente democrático, oligarca para más señas.

En medio de este ruido apenas si recordamos el romper de las seis olas de la Covid-19 o el rugido del volcán de La Palma. La guerra de destrucción y odio que ha llevado Rusia -otra oligarquía- a Ucrania nos estalla aún todos los días, con las bombas pisándonos los talones y los refugiados removiendo nuestras conciencias, y forma parte de un presente triste y feo que nos está tocando vivir

Entre bromas y veras, a la presente legislatura solo le falta una invasión alienígena con guión de Steven Spielberg.

Y ahí, de pie, sin parar ni un solo momento, saeteado por una abrumadora mayoría de medios en manos de las derechas, condicionado por el fuego amigo, sigue el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Rema a contramano de una España que ha decido no escucharse a sí misma, que ha interrumpido el diálogo, y que, en las redes sociales, se insulta, se escupe y se odia. Es el ruido previo a la furia que, en el pasado, nos trajo una guerra civil y que amenaza nuestra convivencia como una maldición bíblica.

El pasado viernes, Pedro Sánchez logró que la UE permitiera a España limitar el precio del gas y desacoplarlo de la electricidad en un mes. Una medida que beneficiará también a Portugal.

Esta debe servir para poner pie en pared a los disparatados precios de la electricidad y de los combustibles que han instalado en la ruina incluso a las clases medias.

De la misma manera que se ha fajado en Bruselas, salió al paso de la Covid-19, cuando las derechas le gritaban desde los balcones rojigualdas ¡asesino, asesino! Y no dudó en acudir en ayuda de La Palma y los palmeros cuando los ríos de lava devoraban casas, carreteras y cultivos.

Y puso sobre la mesa un plan contra la sequía cuando esta venía de camino (las últimas lluvias están aliviando la escasez de reservas de agua en los pantanos).

A mitad de la legislatura, el Gobierno de Pedro Sánchez encauzó el problema catalán, aprobó los Presupuestos, sacó adelante la reforma laboral, cumplió con las leyes de la eutanasia y de justicia universal, revalorizó las pensiones, renovó el Constitucional, actuó legislativamente contra el cambio climático y cumplió reformando la educación. De los grandes retos, apenas le quedan pendientes la nueva fiscalidad, la eliminación de los aforamientos y la renovación del Consejo General del Poder Judicial.

El paro registrado, caballo de batalla de todos los gobiernos, se situó el mes pasado en 3.111.684 personas. Respecto a febrero de 2021, descendió en 897.105 personas (-22,38%). Es la mayor bajada interanual de la serie histórica.

En definitiva, el desempleo cayó por debajo de los niveles previos a la pandemia y se situó en tasas de ‘boom inmobiliario’.

Con estos datos, estoy convencido de que Pedro Sánchez cosechará un nuevo éxito si Spielberg decide traernos una invasión alienígena chunga, con las derechas como parte de las fuerzas invasoras, claro.