La revuelta de las neuronas

Proyecto de país: hundir a España.

 

I JORNADA 17 CONGRESO POPULAR

Sin esclavitud no hay algodón; sin algodón no hay industria moderna.

K.Marx.

En el Milán del siglo XVII ante la expansión de la peste que hizo estragos en la sociedad, la sicosis se extendía en la creencia de sus ciudadanos contra aquellos que vinieron a llamar como los "untadores". Este era el nombre que recibían aquellos que se creía que iban untando con sustancias infectas las puertas de la ciudad, ayudando así, a extender la enfermedad. En la nueva Edad Media a la que nos están enviando las élites de burócratas europeos y españoles al servicio de las finanzas, los parados se perfilan como perfectos sustitutos de los untadores. No se debe a la maldad o la bondad de los gobernantes, no es  una cuestión moral, se trata de una opción ideológica basada en el odio a la democracia y por lo tanto, el desprecio a la población y a sus perspectivas de vida. La prestación por desempleo empieza a dejar de ser un derecho, para convertirse en un grillete que acerca al parado al rango de reo, de culpable a ojos de la sociedad. Quien tiene la culpa arrastra la deuda y al igual que  sucede a nivel macroeconómico, culpables lo son quienes menos culpa tienen. El fascismo social se nutre de aquellos principios que ubican a los más débiles y desposeídos en el punto de mira de los que se encuentra un peldaño más arriba; es la guerra del penúltimo contra el último.  El desprecio al paria no surge de los sectores populares, al contrario, se puede manifestar entre ellos, pero es un discurso que siempre surge de las élites que se inocula de arriba hacia abajo en defensa de sus intereses.

El empleo, aquel elemento que la modernidad acabó naturalizando como la principal actividad humana y que con el tiempo, los explotados lo usaban de punto de partida para luchar contra la explotación a la que les sometía, ha cambiado radicalmente su significado. Los breves tiempos en los que, tras 150 años, el salario aumentaba a la par que la productividad y el consumo, colapsó hace décadas, pero la emisión de crédito ha maquillado el descenso del peso salarial sobre el total del PIB. Todo lo que en su tiempo llego a ser el Estado en términos sociales se esfuma paralelamente al ascenso del Estado penal. Pasamos del bienestar (welfare) al estado de trabajo (workfare). Trabajar ya no aporta ningún bienestar, aunque sea fuera del empleo, ahora si quieres sobrevivir debes aceptar menos bienestar para poder trabajar. Hemos pasado del "da igual que empleo sea mientras que te paguen", al "da igual que salario sea mientras trabajes." Todos somos potenciales parias, en mayor o menor medida, pero siempre apuntando en la dirección que nos conduce al barranco.

Así las cosas, las medidas que anuncia la Comunidad de Madrid de forzar a los parados que cobran prestación a presionar a la baja el precio de la fuerza de trabajo, o el consejo del Banco de España de pagar por debajo del salario mínimo interprofesional –SMI-, buscan –entre otros motivos- ofrecer a los especuladores una imagen de país competitivo. El esperpento que guía las líneas maestras de nuestra lumpen-oligarquía gobernante tiene un claro proyecto de país: hundir a España en la servidumbre. Seremos competitivos a ojos de quienes invierten para luego fugarse a la bolsa, en tanto y cuanto, seamos baratos, precarios y en ausencia de toda ley protectora. Gota a gota, nos vamos hundiendo en un océano de podredumbre donde a los que levantan la dignidad del país les llaman vagos y a los patriotas anti-españa. La gente común y su igualdad de nacimiento es lo que da sentido a una nación, la casta financiera-política-patronal son los colonos que nos quieren convencer de que el trabajo nos hace libres.