La revuelta de las neuronas

Con el diablo en el hombro

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A partir de noviembre Grecia se considerará un país "no desarrollado" según indica el proveedor de índices y herramientas de análisis e inversión MSCI. Desde ese momento, pasará a ocupar su lugar como "mercado emergente" lo cual quiere decir paradójicamente, que es un país ascendiente y naciente. Curiosa forma de nombrar su contrario, porque en realidad más que emerger, Grecia se sumerge en la profundidad de la pestilente miseria. Creo que como el subdesarrollo avance tan rápido como lo hace, tendremos que darle la vuelta a la clásica frase de Marx: La historia se repite siempre dos veces, primero como farsa y después como tragedia.

En España la tragedia también la tenemos instalada desde hace un tiempo, pero los que la provocan hacen todo lo posible para que la sigamos viendo y percibiendo como si fuera una farsa pasajera. Desde los anuncios como los de Campofrío o los mensajes que envía Rajoy y sus bufones mediáticos donde todo parece una terapia de autoayuda, creen que a base de repetir que estamos saliendo, al final salimos aunque sea a ninguna parte. Tratar de gestionar las pasiones humanas para que no se vuelven en contra, siempre es un balón de oxígeno que permite prolongar la agonía y afianzar el proyecto de Estado neoliberal, cerrando cualquier ventana de oportunidad política que permita la ruptura popular.

Hay quien piensa que quien tiene la razón se encuentra más cerca de conseguir lograr unos determinados objetivos, puesto que a todas luces el bien obra sobre el mal. Esta lectura moral de la política puede empujar a creer que lo único que hace falta es exponer una serie de argumentos alrededor de una mesa y verificar cuales de todos es el más válido. ¿Válido para quién? ¿Verdadero o falso para quién? ¿Las armas son del enemigo o son simplemente armas? En política la moral queda en un segundo plano, lo cual no significa que no exista una dimensión moral, pero el bien y el mal no sirven para entender las relaciones de poder.  Antonio Gramsci cuando se pregunta si se debe usar la mentira en política tiene claro que no, pero la distinción  tampoco es entre A o B, porque lo ideal es que  "en política se podrá hablar de reservas, no tanto de mentira en el sentido mezquino del término"

Esto nos tiene que hacer pensar que para ganar no basta contar con la evidencia del lado de la vida contra locomotora de la servidumbre, es preciso hacer política y eso implica jugar en distintos niveles con actores muy diferentes que están atravesados por relaciones y percepciones asentadas en el sentido común dominante. Ya sea por mantenerse alejado del escándalo para evitar ceder terreno al enemigo, provocando que el pueblo se acabe fijando más en el dedo en lugar de la luna, o por  evitar despertar los temores infundados y fundados en la ignorancia que fomentan las élites, cualquier proyecto político que se precie debe tener siempre en la cabeza a Maquiavelo a la hora de elaborar sus palabras, medidas y propuestas. Por ejemplo, necesitamos elaborar nuestros propios eufemismos porque por las razones antes comentadas, de no hacerlo así, no se podrá llevar a cabo tu propósito, que es lo único que importa y no la intención. Mostrarse siempre a carne viva tiene más que ver con la ideología convertida en religión que con la política y el trato que tiene el poder. Esto no significa tanto mentir como encauzar las palabras, medir los tiempos, tener la astucia de la zorra y  el coraje del león, "porque basta con pedirle a uno el arma, sin decirle "te quiero matar con ella", pudiendo, cuando tengas el arma en la mano, satisfacer tu deseo." (Discursos, Libro I, 44)

Cuando los que hasta ahora venían consensuando las mayorías, ahora lo tienen más difícil, se abre el espacio de lo impredecible y no una relación mecánica que entiende que a la crisis le sustituye la conciencia de izquierda. Que nadie se sienta cómodo con su situación: la crisis de régimen no es crisis de bipartidismo, ni tampoco implica por sí misma una solución revolucionaria, de transformación social a favor de los que pierden poder cuando se quedan sin democracia. En  la era de los monstruos, éstos pueden ser de cualquier forma y su orientación no está definida. La ambición grande no pasa por ser un oportunista, esa es propia de ambiciones pequeñas, se encuentra en las oportunidades disponibles que ofrece el presente. Hoy el esquema de izquierdas tal y como se plantea con sus preocupaciones especiales, no consigue abarcar la frustración y los humores colectivos que no se encuadran en ideologías tan definidas por actores concretos. En esta ocasión, en lugar de preguntarnos por enésima vez cómo ha podido pasar, o por qué perdemos si la verdad juega a nuestro favor, deberíamos aliarnos con el diablo y desechar el paraíso. Probemos abandonar a los ángeles en las nubes e intentemos caminar con el diablo en el hombro vestido de gala; porque en cualquier caso, como canta el rapero Mucho Muchacho, "máma mira nuestras caras nos quedarían ridículas las alas."