La revuelta de las neuronas

Hacemos lo que Podemos

El título de este artículo no es una ocurrencia propia, se lo debo a Jorge Lago, sociólogo y miembro de la editorial Sentido_comun1Lengua de Trapo. Creo que esa frase además de ser un lema político que da bastante juego irónico e interpela a la gente, es una gran síntesis de toda actividad política materialista, esto es, que funciona acorde al análisis de la realidad y no parte de las prioridades identitarias que dicta una ideología. Ha pasado ya demasiado tiempo haciéndole caso omiso a Einstein, tanto es así, que se ha preferido darle la vuelta a su consejo para que se adapte a la teoría. Ahí donde Einstein afirmaba que si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo, la izquierda se reafirma en su seña de identidad orgullosa diciéndole al mundo, hago siempre lo mismo porque no busco resultados distintos. Lo contrario parece ser descafeinar las opciones, venderse, traicionar, hacer peligrar los cimientos de su razón de ser y desviarse de la verdad. Se puede pensar que la verdad es revolucionaria o que una doctrina es todopoderosa porque es cierta, pero ¿Qué tiene de cierta la verdad? Hay quien cambia el orden de las causas y los efectos, otorgando al papel histórico de los segundos, el origen de los primeros, esto es, cuando la verdad que se llegó a entender de una forma determinada en un tiempo histórico dado se petrifica, y la verdad como idea se emancipa de su relación material e histórica para trascender en el tiempo y   presentarse como verdad en sí misma.

Según esta lectura no hay nada que medie entre la esencia y la existencia, no hay potencia, no hay capacidad de incidir en la construcción de una verdad. La verdad vista así se presenta como Dios, "soy el que soy", "es la que es". Pero la verdad nunca ha sido la que es, sino que se acaba percibiendo como la que es porque se ha trabajado y constituido para que así sea. Pasar más tiempo en aclarar lo que se es en lugar de enfatizar lo que se hace revela la impotencia y los límites de cualquier iniciativa, de cualquier proyecto político. Una ventana de oportunidad política se abre cuando las posiciones dejan de estar tan fijadas y la capacidad de convencer del pensamiento dominante se erosiona, por lo que se ve obligado a coaccionar más de lo que puede persuadir. En esa apertura de la incertidumbre, pensar erróneamente es confundir la posibilidad con la ratificación de lo que te define de antemano, en lugar de definirte por lo que haces. La verdad no es una batalla por incorporar tu identidad verdadera, sino por hacer veraz aquello que identificas como los problemas y las soluciones, por marcar las fronteras entre los dolores susceptibles de ser colectivos y señalar las razones que provocan la injusticia sufrida. Emoción viene de emotio y de ahí deriva emovere, definiendo aquello que se mueve y se desplaza, aquella cualidad sensible que nos saca de nuestro estado habitual. Poco importa en política anteponer lo que eres en abstracto si no eres capaz de hacer nada que emocione y eso es válido para cualquier ejemplo. Por supuesto que no hay garantías ni manuales que detallen un recorrido liso; la combinación entre fortuna y virtud nunca está asegurada, pero eso no es un impedimento para detectar los graves obstáculos que aparecen en los análisis de partida. Sin duda y sabiendo que no contamos con brújulas, es preferible apostar por identidades que pongan humildemente el foco en explicar que "hacemos lo que podemos". Porque si no luchamos por el sentido común en lugar de defender nichos ideológicos cada vez más esqueléticos, si no ofrecemos otra narrativa al dolor y la inseguridad vital,  volveremos a constatar la peor de las derrotas históricas. Otra vez.