Opinión · La revuelta de las neuronas

Pablo Iglesias tenía razón

El filósofo Immanuel Kant daba respuesta a la pregunta ¿Qué es la ilustración?, que planteaba al lector el periódico alemán descarga (1)Berlinische Monatschrift (Boletín mensual de Berlín) en 1784. Dos siglos más tarde Michel Foucault, historiador y filósofo, volvía a hacerse la misma pregunta. Empezaba comparando las discusiones que se abrían en el siglo XVIII, con los planteamientos que proponen los periódicos contemporáneos, los cuales, lejos de buscar entablar un debate solo quieren del lector una respuesta enlatada, controlada, reducida. Seguramente, algo tiene que ver con el mundo acelerado que vivimos y la ausencia de un tiempo muerto destinado a la reflexión, en una sociedad asediada por la información donde todos pelean por captar la presuntamente endeble atención del consumidor. Pero, sumado a esta realidad, existe una clara deriva antipolítica cuya función es la de reducir y limitar el marco de lo que puede ser discutido y discutible entre la población, y establecer lo que queda fuera del litigio político. Es antipolítica porque busca excluir la expresión pública de la población más allá de la hegemonía que ostentan quienes reparten las cartas y eligen la baraja. En este sentido Slavoj Zizek acierta cuando identifica la intervención política, no como la discusión dentro del marco que naturaliza lo que entra o queda fuera, sino como la impugnación del propio marco donde se encuadran las discusiones. No es discutir en el tablero, esdiscutir el propio tablero.

Pero, ¿Qué sentido tiene remontarse hasta Kant y recuperar su respuesta sobre qué es la ilustración? La involución cultural y política que sufrimos cuando ciertas apreciaciones son utilizadas como arma arrojadiza, en lugar de percibirse como fruto del ser humano que se emancipa de su servidumbre mental sometida a la tutela del otro.Estamos obligados a revisar las razones que llevaron al ser humano, a huir deciertas prácticas que destruyen la idea civilización. La ilustración es el proceso que se recorre cuando se tiene elvalor de servirte de tu propia razón;es la libertad de hacer uso público de su razón íntegramente, decía Kant. Cuando Iglesias responde diciendo que ETA ha causado un gran dolor y acto seguido entiende que la existencia de ETA tiene explicaciones políticas, no está rebajando con esa frase la gravedad de los hechos, como tampoco busca excusarlos. Quiere comprender una situación dada analizándola, haciendo uso público de su razón. Es cierto que seríamos ilusos si pensáramos que junto con la razón, las personas no estamos atravesadas también por las pasiones. Es comprensible que algunos temas sean imposibles de tratar debido a la fuerte carga emocional que suponen. Pero algunos titulares y estrategias periodísticas instrumentalizan esa carga emocional tratando de devolvernos a un estadio de infantilización  como sociedad, retrotraernos a la tutela del señor que te dice lo que debes pensar  anulando la decisión propia, acabando con la autonomía del razonamiento.

Cuando no se reconoce la separación entre el uso privado de la razón (el cura que habla en calidad de tal para los feligreses) y el uso público de la razón (el cura como doctor que estudia y critica su propio credo), es también cuando moral y política vuelven a fusionarse (cinco siglo sdespués de que Maquiavelo explicara el poder), y el ser humano vuelve a su culpable incapacidad de pensar por sí mismo, incapaz de pensar el poder con sus propias reglas. Extraer como hace González Pons que “Pablo Iglesias defiende aETA”, no solo es susceptible de ganarse una querella, no solo es ladino y es otra artimaña electoral más que juega con el dolor, implica también una amputación del progreso humano en su pensamiento. ¿Se imaginan que alguien es acusado de defender al cáncer por buscar explicaciones médicas en su origen? Eso hace González Pons. Siendo conocedores de la manera en la que se forjan gran parte de las ideas en el imaginario social, poco importa la verdad real, importa la que se percibe como tal. A golpe de titular y en sus réplicas que resuenan en la caverna  mediática de la extrema derecha, quieren colocar tres ideas que salten como un resorte en cuanto se nombre a Podemos, con el triple objetivo de meter miedo, criminalizar y ridiculizar: Podemos coquetea con ETA, Podemos recibe dinero de Venezuela, Podemos es un voto de sarampión e idealista.

Quienes recortan, quienes aplican políticas que nos envían al subdesarrollo, quienes tienen grandes intereses empresariales que defender, quienes siguen ganando dinero con la crisis, quienes nada tienen que decirle a los y las españolas más que, “es lo que hay”, necesitan neutralizar al tsunami Podemos. Necesitan crear un monstruo donde desviar la atención y centralizar el odio aludiendo al fantasma de ETA y a gobiernos que están a miles de kilómetros de aquí. No tienen nada que ofrecer a la ciudadanía, no tienen proyecto de país, solo quieren mantener el chollo como sea, pero se les está acabando. Solo ha hecho falta que poco más de un millón de personas voten por algo diferente para que se descubra su democracia de oropel. Imaginemos que son 10 millones de personas; son incapaces de soportar tanta democracia.