Opinion · La revuelta de las neuronas

Mejor ser castizo que casta

Los hay que tienen poco que decir sobre las causas y la manera de evitar el dolor que sufre la sociedad por la estafa de la crisis,Nicolás Redondo y Mayor Oreja pero no se muerden la lengua para salir a atacar a cualquier alternativa que proponga mover el tablero político. Prefieren asumir con normalidad el camino que nos conduce al abismo y descargar toda una batería de diatribas contra quienes plantean un cambio de rumbo. Son como esa gente cargada de pasiones tristes que no protesta ante la realidad injusta, pero sí que decide protestar contra los que sí protestan. Cuando nada se puede hacer y no queda alternativa, todo lo que sea moverse fuera del dogma es acusado como imposible de llevar a cabo y hay que atacarlo sin contemplación. Por supuesto que la política es siempre una relación de fuerzas, donde entran en disputa actores económicos muy poderosos que no cuentan con ninguna legitimidad democrática, pero que hacen política 365 días al año desde una esfera supuestamente, dicen, no política. Esa es la razón por la que los apologetas de la austeridad, sean más o menos carniceros, alertan de los límites de la democracia para llevar a cabo políticas de recuperación de la soberanía popular y que la intención de poner  la economía a trabajar para garantizar el bienestar, en lugar del pillaje financiero, son meras ilusiones. Como no tenemos la certeza de lo que puede pasar en caso de reivindicarnos como ciudadanos, mejor agachar la cabeza y resignarnos a ser unos siervos.

Si echamos un ojo a la historia, nunca se ha cambiado nada ni nada ha mejorado la vida de la gente, contando con el apoyo de quienes han sostenido a lo largo del tiempo este tipo de posturas. En el año 1792 nueve personas fundaron la London Corresponding Society, para preguntarse si ellos, los tenderos, menestrales y artesanos, tenían derecho a elegir y ser elegidos como miembros del Parlamento, a lo que se respondieron que sí lo tenían. Su fundador, Thomas Hardy, fue arrestado acusado de alta traición por dos alguaciles enviados por el rey. A los ocho Mártires de Chicago condenados a muerte en un juicio fraudulento en 1886, tras una serie de huelgas que pedían la jornada laboral de 8 horas, los medios de la época como el New York Times los tildaron de antipatriotas y alertaban del peligro que suponía para el país implantar la jornada laboral de 8 horas.

El Chicago Mail decía que trabajar 8 horas al día en lugar de 10, 14 ó 16 horas era una medida sugerida por los más locos socialistas o anarquistas. Los derechos de las mujeres, los derechos civiles, los laborales y una larga lista de derechos se han conseguido finalmente, aunque algunos decían que eran imposibles de conseguir. Una vez conseguidos y consolidados, los mismos que hicieron lo posible por impedirlo, no tardan en reconocerlo como algo factible y como algo propio. Lo que se puede o se deja de poder depende siempre de la correlación de fuerzas, se pierden derechos porque se pierde fuerza para sostenerlos. Los cambios no se producen en el vacío, no se dan en la misma situación en la que estamos ahora, hay que pensarlo en toda su dimensión, como un efecto dominó que va moviendo todas las fichas que describen la realidad, primero esto, luego lo otro, luego parece que se puede este poco y así en una pugna constante que reordena el espacio según las fuerzas. El derecho a gobernarse que reclaman los que no tienen título para gobernar es la eterna pregunta que se hace la democracia.

 Es curioso que Nicolás Redondo hijo, quien fue secretario del PSE en el País Vasco (1997-2001) y ha manteniendo siempre posturas muy cercanas al PP de Mayor Oreja, ya saben, el que fuera uno de los eurodiputados más vagos de la historia, ese que se negaba a condenar la dictadura franquista, porque según él, fue una época de extraordinaria placidez, esté tan enfadado y asustado con Podemos y le acuse de ofrecer un mantra antipolítico que es una patraña. Es curioso que no le parezca una patraña defender un imprescindible acuerdo político entre las mismas élites de los mismos partidos, que nos han traído a la situación en la que estamos, y nos exhorte a que sigamos confiando, a que sigamos dando muestras de fe, porque en esta ocasión, sí que no van a pactar medidas que anteponen el beneficio de los accionistas antes de los servicios públicos de la ciudadanía.

Es curioso que no tenga tantos reparos en juntarse con quienes han gobernado este país sin presentarse a elecciones, y que desde 2006 fuera consejero de Cementos alfa (FCC) y desde 2008 le nombraran consejero de la constructora FCC, o quizás precisamente por serlo se pone así con Podemos. Recordemos que algunos de los directivos de FCC están imputados por asociación ilícita, alteración de precio en concursos y subastas públicas, blanqueo de capitales, cohecho, prevaricación, tráfico de influencias, delito contra la Hacienda pública, fraude y exenciones ilegales, encubrimiento y falsedad, y apropiación indebida de fondos electorales. El expresidente de FCC admitió dos donaciones al PP en 2011 por un importe de 60.000 euros.  Además FCC participa en el troceo de la sanidad pública en Madrid gestionando el Hospital de Arganda. Madrid es una comunidad que no deja de aumentar, en cientos de millones de euros, el presupuesto a las partidas destinadas a conciertos con clínicas privadas. En 2012 aumentó un 55%, 345 millones más de euros de lo previsto. La batalla de las ideas es algo muy sano y necesario, pero lo que no soportan algunos es que nuevos actores y nuevas ideas que apuestan por el cambio político puedan calar en la sociedad y puedan perder así el monopolio de la política.