La revuelta de las neuronas

8 de marzo: defendamos la vida

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Las mujeres ejerciendo el derecho a decidir sobre su cuerpo, las mujeres que trabajan, cuidan y quieren, las mujeres y los hombres, que aspiran y dan pasos para construir una sociedad más plena de libertad e igualdad, están defendiendo la vida. Ahí donde la interrupción voluntaria del embarazo es legal y cuenta con todas las garantías de higiene públicas, no se practican más abortos pero sí mueren menos mujeres. Es decir, donde es ilegal, hay más muertes, menos vida.

En segundo lugar, defender la vida significa defender las condiciones de partida, que permiten a una mujer decidir de la manera más autónoma posible, si quiere o no quiere ser madre. Cuando no existen las políticas públicas adecuadas (red de guarderías, apoyo desde las instituciones, cheque bebé, etc.), cuando no existen las condiciones materiales que garanticen la seguridad económica y social a medio-largo plazo (incertidumbre al futuro, precariedad), el ejercicio del derecho a la vida está cercenado.

Defender la vida lleva asociado oponerse a las políticas de austeridad y al gobierno de las finanzas, que imposibilitan la democracia y, por tanto, la vida. Intermon Oxfam nos recuerda que en España tener un hijo implica un riesgo, dado que aumenta en un 7% las posibilidades de convertirse en un trabajador pobre. Tener dos hijos lo aumenta en un 11%. Un estudio de la comisión europea indica que el 65% de las personas que están en riesgo de pobreza no salen de ella a pesar de encontrar trabajo, y el Comité Europeo de Derechos Sociales asegura que el salario mínimo interprofesional español "no garantiza un nivel de vida digno". A lo largo de los próximos 15 años, según el INE, nacerán en España un 28,4% menos de niños y no precisamente a causa del derecho a decidir de las mujeres, sino a su falta de decisión dentro de un modelo ultracompetitivo y precario de sociedad, que expulsa a la vida al no ser un activo financiero con el que especular en bolsa. Defender la sociedad es defender una vida digna para todos y todas. Defender la sociedad es defender la natalidad como opción y no como obligación, es defender la seguridad de no discriminación laboral por ser mujer que decide ser madre, o la criminalización de mujer incompleta por haber decidido no serlo.

Defender la vida quiere decir defender una sociedad, donde aquellas tareas y necesidades que sostienen la vida estén democráticamente repartidas, esto es, las labores del hogar, el cuidado de los niños y mayores, y todo lo que viene a llamarse como el trabajo no pagado. Acorde con la OCDE, el trabajo no pagado en España representa el 41% del PIB total. En España, una mujer realiza 3 horas y 7 minutos más que un hombre en tareas de trabajo no pagado, la sexta mayor brecha de la OCDE. Necesitamos un modelo progresivo de Estado de Bienestar, uno donde el gasto social sea equitativo, donde pueda combinarse y ampliarse la atención a la atención a la dependencia, su reparto igualitario entre sexos, con  las garantías de trabajo de las personas contratadas.

Tenemos que situarnos en el entorno europeo en gasto destinado a los servicios sociales, pasando del actual 1,5% del PIB a un 3%. Necesitamos poner orden en las cuentas y hacer un mejor uso de los recursos.  Según la OCDE en España, el 20% de la población con la renta más baja recibe solo un 10% del gasto público, al tiempo que el 20% de las rentas más altas reciben más del 25% del gasto público.

Para ser capaces de lograr reproducir un ciclo más o menos coherente con el ciclo de la vida es necesario disponer de un tiempo propio. Esto requiere un cambio de mentalidad. No puede ser que cuanto más escasea el empleo, quienes sí lo tienen trabajen el equivalente a 75.000 empleos a tiempo completo en horas extra no pagadas. No es racional que cuanto menos trabajo socialmente necesario requieren las mismas tareas, o aparezcan otras nuevas que no precisan de tanta mano de obra, sigamos teniendo que acceder a la ciudadanía a través de ese empleo que no existe y cuando existe dura menos que un azucarillo bajo el agua. Si la riqueza y empleo se disocian, habrá que separar también derechos, ingresos y la ciudadanía del empleo. Mucha riqueza producida fuera del empleo necesita de nuevos derechos que vengan dados por fuera del empleo.

En un estudio de la OCDE, se establecía la evolución entre 1990 y 2012 para observar la relación entre horas trabajadas y productividad: la conclusión es clara, cuantas más horas se trabajaba más bajaba la productividad. Demasiadas horas en el trabajo no solo aumenta la fatiga y el estrés que reducen la productividad, también aumenta la posibilidad de errores, accidentes y enfermedades. Actualmente, la ciudad de Gotemburgo en Suecia ha puesto en marcha un experimento para ver si en 6 horas puede hacerse lo mismo que en 8 y así liberar tiempo. J. M. Keynes vaticinaba que con el aumento de la productividad para 2030, la jornada laboral sería de 15 horas semanales. Más productivos para vivir mejor y no al contrario, para chantajearnos más.

Derecho a decidir, políticas públicas y una nueva política del tiempo son tres ramas de un mismo árbol: poner al servicio de la sociedad los beneficios que ella misma produce, poner al servicio de las personas las herramientas que producen y reproducen la vida. El 8 de marzo es un día que reivindica a quien produce, resiste y defiende la vida: las mujeres.