La revuelta de las neuronas

El discurso macabro de la inmigración

Hay algo macabro en el discurso oficial de la tragedia en Lampedusa, cuando se decide focalizar y lampedusacentrar el problema ahí donde no se cuestiona el origen del problema. Uno escucha al Ministro del Interior, o pone el telediario y todo gira siempre en torno a las mafias. Las mafias son ese ente abstracto que ciertamente opera y que por descontado su condición moral es repugnante, pero cuando se destaca constantemente ese aspecto se esquiva el bulto porque explica nada de lo que ocurre. "Hay que poner más controles, hay que parar a las mafias", vacías o no, estas consignas dicen mucho, precisamente por lo que no hablan. Las mafias que trafican con personas y estafan aprovechándose de la desesperación, actúan con la lógica del mercado: hay un nicho de mercado llamado desesperación, y unas condiciones favorables en las que negociar esa demanda para proponer una oferta. Precios carísimos, inseguridad, total falta de garantías, riesgo de vida.

Pero la razón no es que una gentuza decida hacer negocio con la gente a ese nivel, la razón  hay que buscarla en cuestiones un poco más profundas pero que nunca se quiere sacar a la superficie, como por ejemplo, ¿De dónde surge la desesperación que provoca que esa gente se arriesgue la vida y pague a las mafias para llegar a Europa? Ahí entramos en otro terreno un poco más enfangado que no conviene remover demasiado, es el terreno de los conflictos armados, de la venta de armas, la cuestión  del control de los recursos o la tierra, de los gobiernos títeres y  el monopolio de la riqueza, o la falta de democracia que es totalmente funcional al negocio privado, de las multinacionales principalmente. El 80% de las personas que intentaron entrar irregularmente en Europa en 2014 buscaban refugio, ¿De qué? de guerras como la de Iraq o Siria. Los que denuncian el "efecto llamada" son los mismos que se desentienden, e incluso provocan el "efecto expulsión" de una gente, que lo último que quiere en su vida es dejar atrás a su tierra, a los suyos, y jugarse la vida para venir a una tierra inhóspita.