Quemando cajeros

La madrugada del martes, Tele 5 emitió un reportaje titulado Los tentáculos de ETA en el que varios periodistas de El Mundo TV se colaban, con cámara oculta, en el entorno más cercano a la banda terrorista.

Hubo secuencias éticamente censurables, como la visita a la madre de Txeroki. Se saltó de ETA a las ikastolas con total naturalidad, se habló de persecución al castellano, y se conjugó nacionalismo y violencia.

Lo que sí resultó esclarecedor fue la secuencia en que unos manifestantes proetarras amenazaban explícitamente a los periodistas, llegando incluso a romperles las cámaras. No está mal teniendo en cuenta que el lema de la manifestación era Democracia ahora, y da una idea de las condiciones en que trabajan los periodistas vascos tras 30 años de (precisamente) democracia.

Pero merece la pena recordar, para los despistados, que aquello no fue un reportaje sobre Euskadi. Fue un reportaje sobre descerebrados ultraviolentos, con idéntico paisaje humano al que encontrarías en cualquier otro grupo de fanáticos. El mismo odio y la misma intolerancia. La principal diferencia es que, en Euskadi, el fanatismo ha logrado retroalimentarse hasta germinar en cáncer social. Y las cámaras de El Mundo, me temo, son demasiado grandes para grabar un tumor. Lo que Euskadi necesita es una endoscopia.