Jose A. Pérez

Otro timo no

He robado el título de esta columna, la SGAE me perdone, a un manifiesto contra OT firmado, entre otros, por Ramoncín. Eso fue en 2002. Siete años después, el Rey destronado del pollo frito renegaba de sí mismo para formar parte del timo en cuestión. Y no sería el último giro de trama; la noche del martes Ramoncín abandonó el programa o (no está claro) el programa lo abandonó a él.

Sólo Dios sabe qué pasa por la cabeza de Ramoncín. Porque el chaval/señor es polifacético a tope, lo mismo se te pone punki perdido que te demanda por daño al honor. Lo mismo le despeina el aire de la libertad que llama ladrones a los internautas.

La fama implica un mínimo de coherencia, aunque solo sea para no convertirse en el saco de las hostias de un país entero. Todo el mundo tiene derecho a contradecirse, faltaría más, pero eso implica no tomarse muy en serio a uno mismo, tal y como hace Ramoncín solo que al revés.

Ramoncín quiere ser rockero y culto y transgresor y guay, pero el personaje no le acaba de salir. Quizá porque el enfant terrible pijoprogre intelectual es un estereotipo insostenible y cutre, desagradable incluso para los propios pijoprogres.

Aquel manifiesto "Otro timo no" exigía recuperar el equilibrio entre arte y negocio. Ramoncín debería haber añadido: "Y viceversa, y lo contrario".