Jose A. Pérez

No me grite, oiga

Mucho se habla de la nueva Ley General Audiovisual, aún en fase de anteproyecto. Pero, de todas las modificaciones que esta ley aplicaría al sector, la que más afectará al ciudadano en su día a día es la que menos comentarios está generando. Y es que, si la idea no muere por el camino, dentro de unos meses la publicidad no podrá tener un volumen superior al de los contenidos televisivos. Se acabaría de este modo con los gingles rompesiestas, y nos libraríamos de la molestia que supone bajar el volumen cada vez que empieza un bloque publicitario.

Esto, conviene aclararlo, no es culpa de la cadenas, sino de las productoras de spots, que mezclan el sonido a un volumen deliberadamente estratosférico para que su pieza irrumpa en tu casa como la ira de Dios. Se ve que la industria publicitaria todavía cree que gritando es más fácil convencerte de algo.

Y es que los españoles somos muy de gritar, muy de hacernos entender a base de decibelios (basta con entrar en un restaurante para comprobarlo). Habrá quien vea en esta nueva medida una pérdida de nuestra idiosincrasia, un signo más de que España se rompe, que ya ni gritar podemos. Dentro de unos meses, el vocerío televisivo será exclusivo de presentadores y contertulios, y contra eso no hay reforma de ley que valga. Bueno, sí. La educativa.