Gran Wyoming, Pequeño Risto

En la década de los 80, un tal Jose Miguel Monzón decidió que lo suyo era la tele. Monzón era (es) un hombre culto e inteligente, así que se creó un personaje mucho menos inteligente y mucho más ingenuo que él. Lo bautizó Gran Wyoming. Ya en el siglo XXI, un exitoso publicitario llamado Risto Mejide decidió que lo suyo era la televisión. Mejide era (es) un hombre inteligente, pero cometió el error de crear un personaje que lo era más que él. Ahora ambos compiten en la misma franja horaria.

El Gran Wyoming lleva dos décadas demostrando que uno puede salir en televisión, hacer el gamba con total desparpajo y mantener un alto perfil intelectual. Risto, en sólo un par de años, ha descojonado su personaje. Su programa, G-20 ha sido vapuleado por la crítica no tanto por el formato en sí como por la falta de nervio del presentador, que parece estar ahí en contra de su voluntad. Risto, el personaje, es desagradable, antipático y hasta visualmente molesto. Risto, la persona, es (según me cuenta todo el mundo) un tío encantador. O sea, que el problema es el personaje. Lo que falla es la dramaturgia. Mejide, como buen publicista, ha hecho de sí mismo un espléndido eslogan sin nada detrás. Pero la televisión se basa en los contenidos. Y Risto, el personaje, no contiene nada. Just do it.