Jose A. Pérez

Contagio

La estupidez es poliédrica y multidimensional, por más que la televisión la aplane y cuadricule. Y peor aún: es contagiosa. Cada cierto tiempo, el fenómeno de la estupidez, picante y morboso, estalla en una cadena en forma de imprevisible éxito de audiencia. Esa cadena casi siempre resulta ser Telecinco, y Jorge Javier Vázquez casi siempre resulta ser su alma, mente y gurú. Ocurre entonces que otras cadenas (léase Antena3), envidiosas del éxito de la estupidez rival, se lanzan a una competencia descarnada, en una espiral de idiotez y cretinismo por hacerse con el favor del público menos cultivado y/o más morboso.

Sálvame es un programa formalmente impecable, moderno y dinámico. El baluarte de la estulticia, el palacio de cristal de los famosos con más breve sintaxis. Tan bien hecho está el programa que las demás cadenas no consiguen hacerle sombra, por más que lancen a sus productores, directores, redactores y presentadores al fango más infesto. No todo el mundo sabe hacer porquería sin contenido alguno. De hecho, parece un arte más bien esquivo. Eso no quiere decir que las cadenas no lo intenten por todos los medios. Hay pocas cosas más vergonzosas que ver a un montón de cuarentones intentando ser más gilipollas que los de la cadena de arriba. Sobre todo si no lo consiguen.