Guionismo

La semana pasada este periódico publicaba un artículo sobre los másteres para guionistas. Un oficio bien poco agradecido en España, porque lo más probable (por pura estadística) es que esos jóvenes acaben con sus huesos en una mala serie o un mal programa, cobrando una miseria los primeros años hasta alcanzar el estatus nobiliario en esto del guionismo: la categoría senior.

Parece que siempre fue así, pero nada más lejos de la realidad. La semiprofesionalización del mundo del guión que vivimos ahora es un fenómeno reciente. Hasta hace poco, las series eran escritas por novelistas, actores y tipos graciosos llegados allí de rebote. Y sus guiones no eran peores que los de ahora.

Hace unos años, Globomedia organizó un ciclo de conferencias en Madrid. Los ponentes eran todos guionistas norteamericanos de primer nivel. Durante la ronda de preguntas, un productor español contó que los guionistas senior de su productora estaban quemados, que muchos abandonaban su trabajo de la noche a la mañana, y pidió un par de consejos para evitarlo. Uno de aquellos superguionistas se acercó al micrófono y respondió: “páguenles más y denles más vacaciones”. La masa de guionistas allí presente prorrumpió en un estruendoso aplauso. No hemos avanzado ni un milímetro desde entonces. Palabra de guionista.