Salud mental en tiempos difíciles

150 aniversario de la Comuna de París. El necesario homenaje

Durante 72 días, hace ahora 150 años, la ciudad de Paris vivió uno de los más relevantes intentos de creación de un sistema social basado en la igualdad de los ciudadanos sin distinción de creencias religiosas, procedencia, género u origen social 

La Comuna de París fue un movimiento democrático y autoorganizado, sin líderes mesiánicos ni salvadores. Un intento de cambio social radical, por supuesto no exento de limitaciones y claroscuros, pero  dotado de tal voluntad de justicia y equidad,  que ha  permanecido en el imaginario colectivo como un referente para todos los proyectos de cambio social en profundidad. 

La Comuna de París (porque en otras ciudades de Francia el intento fue reprimido rápidamente) se constituyó como una democracia directa, comunal, de naturaleza cooperativista,  en la que los recursos y  los asuntos sociales (educación, justicia, sanidad…) eran gestionados y controlados por la ciudadanía. Se planteó un nuevo contrato social y la abolición de monopolios y privilegios. Entre otros muchos aspectos se potenció la enseñanza especialmente para las niñas, se crearon guarderías para los hijos de los trabajadores, se democratizó la justicia. A nivel del arte se creó la federación de artistas, se propició la libertad creativa o el acceso a los museos a toda la población

 La relevancia de la experiencia de la Comuna ha sido inmensa. Baste decir que Marx escribió en relación a la Comuna de París su famosa expresión "asalto a los cielos" y la consideró el precedente de la revolución proletaria que preconizaba. Generación tras generación, no ha habido cambio social radical que no haya invocado como referente la Comuna de París. Victor Hugo que ya había retratado en los Miserables las terribles injusticias de la sociedad de su tiempo fue un incansable defensor de la amnistía de los communards

 Como es sabido la experiencia de la Comuna de París estuvo llena de dificultades, hallándose la ciudad acosada  permanente por las tropas de Napoleón III acuarteladas en Versalles. Y pudo mantenerse por la decidida defensa del bravo pueblo de Paris, hasta que finalmente fue aniquilada 

Sorprende que en España un aniversario tan relevante haya pasado casi desapercibido. Ya escribía en un artículo reciente acerca de la lejanía con que vivimos lo que pasa en Marruecos, en el imaginario allá en el sur.  Pero ahora podemos ver que parece que tampoco hacia el norte hay mucha inclinación a dirigir la mirada. La península, la piel de toro, parece a veces más una isla que una península, ensimismada en autocontemplarse o en escarbar en sus conflictos y heridas. 

150 años después de la Comuna de París, tras aquella primavera de esperanza de 1871, vivimos hoy en un mundo con crecientes desigualdades sociales, una sociedad en la que los hijos ya viven peor de lo que han vivido sus propios padres. En este contexto, qué duda cabe que es importante mirar hacia fuera, hacia otros referentes. Y mirar también hacia atrás, hacia la historia

 Aquí, mientras tanto, la gran prensa, las grandes cadenas de televisión, se han dedicado a distorsionar y manipular con la polémica del chuletón al punto. Al punto muerto, podríamos decir