Y tú demócrata ¿estás haciendo algo contra el franquismo?

El lunes amaneció el mundo un poco más feo. Bolsonaro, un fascista como los de entonces, ha ganado las elecciones en Brasil. Habrá una segunda vuelta, pero casi uno de cada dos votantes ha elegido a un tipo que odia a las mujeres, a los gays, a los negros, a los pobres, a la democracia. A uno de cada dos brasileños les sobra una parte importante de los demás y creen que odiando van a solventar sus frustraciones. La izquierda no ha sido capaz de convencer a medio Brasil de que Bolsonaro es llenar su país de sombras. Los medios bienpensantes en España -los que siempre sostuvieron el bipartidismo- dicen que el PT ha perdido por culpa de la corrupción. Pero hace unos meses, cuando aún no habían encarcelado a Lula, le sacaba 30 puntos de ventaja a Bolsonaro. Echarle la culpa a la corrupción son excusas fáciles para no atrevernos a volver a hablar del regreso del pasado.

El fascismo es el plan B del capitalismo en crisis. Pero incluso en la Alemania de los años 30, la izquierda sacaba casi tres millones de votos a la derecha. Las situaciones se van pareciendo. En Alemania, los jueces forzaron la Constitución de Weimar y encarcelaron a los adversarios. Como ha hecho Bolsonaro con Lula. Era la única manera de sacarle fuera de juego. Igual que encarcelaron a Mandela. Igual que sacaron ilegal e ilegítimamente a Dilma del gobierno. En Alemania elevaron la idea de nación a una religión y se arrogaron el derecho a decir quién era enemigo de la patria. En Brasil, los evangelistas neopentecostales llenaron el domingo los templos con sus televisiones desde las que demonizaron a Haddad y le acusaron de todo tipo de crímenes. Al tiempo, elevaban a los altares  a Bolsonaro. Y hay un último paralelismo cada vez más evidente. Los nazis fueron pioneros en el uso de la radio para manipular. Bolsonaro se ha gastado millones de dólares en big data para posicionarse en las redes. Los tiempos en televisión están medidos por los tribunales electorales. Los tiempos en las redes los tasa el dinero que te gastas. Así están ganando elecciones.

Vox, un partido que se reclama heredero del pasado totalitario de España, dice que tienen derecho a pisotear la democracia porque para eso ganaron la guerra del 36. Son los franquistas de siempre (en este caso, apadrinado y mantenido siempre por Esperanza Aguirre). Su discurso es igual de medieval que el de Bolsonaro: una patria excluyente a la que solo ellos tienen derecho, machismo violento, patriarcalismo infecto, racismo nada cristiano, homofobia, culto a las armas, odio a la democracia, apoyo al capitalismo y, al tiempo, un discurso falso que dice España primero. Lo dicen los que, invariablemente, han robado a España. Sus niños, sus riquezas, sus tierras, sus casas, su dinero. El fascismo siempre ha robado. Pero no nos engañemos: cada vez más, los robados votan a los ladrones. No hay en España diez millones de ladrones. Se equivoca la izquierda cuando abandona a los golpeados y cuando abandona a las clases medias. Unir a estos dos sectores en una alianza de clases es necesario para ganar elecciones, solo se logra con una idea de patria diferente. Bolsonaro es un mal brasileño. Casado, Rivera y Abascal son malos españoles. Frente a sus patrias excluyentes, hay que estar en los barrios de los municipios, salir del Parlamento y visitar las calles, traducir a una idea de “vida buena” las peleas de identidad y las peleas por el bienestar material, por la reproducción de la vida. Es lo que está empezando a hacer el feminismo en España y por eso es tan luminoso. Y por eso lo odian los franquistas.

El discurso de Vox, aunque aún sea minoritario, sirve para arrastrar a Ciudadanos y al Partido Popular. Gente como Girauta o Arcadi Espada podrían estar en Vox, y el PP de Pablo Casado, que es el de Aznar, tiene la misma idea de España que los franquistas. Les sobramos más de la mitad de los españoles.

No hay voto al fascismo si no hay miedo, desesperación y una incertidumbre que no se puede gestionar. Los medios de comunicación son los principales contribuyentes al auge del fascismo. En España, han paseado a los Franco como si fueran actores que estrenan una obra. En Brasil, los que apoyan a Bolsonaro son los dueños de los medios.

Lo que van a hacer esos medios, la derecha, los ricos y los cobardes lo sabemos. La pregunta es qué van a hacer los demócratas. El fascismo surge allí donde fracasa la propuesta de cambio de la izquierda. Tenemos un problema en España, en Europa y en el mundo. Es tiempo de que los demócratas defendamos cada rincón de nuestra democracia. Cada rincón.