Casado, Cospedal, Vito Corleone y la bandera

En una famosa escena de El padrino, Vito Corleone le solventa un problema al gerente de una funeraria. ¿Cómo podría agradecérselo? Le pregunta. Y le dice: ve tranquilo. Cuando te necesite, te llamaré.

En la democracia española hay unas cuantas gerencias de funeraria que cumplen sus favores cuando el poder les llama. Mientras tanto, parecen honrados miembros de la comunidad. Le pasa al Senado, que aparece cuando tiene que aprobar el artículo 155, cuando tiene que hacer ruido de distracción con una comisión monoparental o cuando actúa de veto para aprobar presupuestos o para cambiar la Constitución.

Lo mismo pasa con algunos jueces, que cuando una sentencia perjudica a sus señores, se activan y usan el lugar que ocupan para regresar las cosas a su sitio.

Y es lo que ocurre con la impunidad de la que gozan los cargos de elección popular por estar aforados. Esa impunidad está ahí tranquila, discreta, sin hacer jaleo, hasta que un máster robado, unas comisiones ilegales, unas prevaricaciones y unos cohechos o unas conversaciones con el comisario de las cloacas hace que estire el cuello y diga: tranquilos que estáis aforados.

María Dolores de Cospedal, de profesión política mentirosa, ha tenido que dimitir de la Ejecutiva del PP para, dice, no perjudicar a Pablo Casado. Suponemos que los votos que le dio para que ganara a Soraya Sáez de Santamaría no le perjudican, aunque cuando los negoció ya se había reunido con Villarejo y, con bastante probabilidad, incurrido en delito. ¿Va a aceptar Pablo Casado esos votos manchados de ilegalidad? ¿O a los votos les pasa como con el dinero, que no huelen?

Dolores de Cospedal dimite de la Ejecutiva para no manchar al partido, pero mantiene el escaño. Claro. Porque el partido es el sitio desde donde se han enriquecido, donde se articula su banda, mientras que el Parlamento solamente es la sede de la soberanía popular que comparten con gente que no es de su España. En la sede de la soberanía popular, el PP no se suena los mocos, sino que se caga con todas sus palabras. Dolores de Cospedal se caga en el fresco de los reyes católicos que está en el techo y en el de los comuneros y hace más profundas las balas que disparó Tejero. Es lo que tienen estos defensores de España, seas Tejero o Dolores de Cospedal. Que siempre, cada uno a su manera, terminan por hacer desconchones en la democracia. Porque su bandera siempre es tan grande con un único fin: que no les veamos cagándose en la democracia. En la de todos.