Carpaccio de socialismo en las cocinas de Sánchez

Para Pedro Sánchez el socialismo se corta en rodajas muy muy muy finas, tan finas que al final, casi no se nota que son socialismo. De hecho, a menudo sorprende la pericia para hacer a mano unas láminas tan inapreciables. Luego viene Iván Redondo, que sabe que la palabra perro muerde y que la palabra fuego quema, y dice que el Presidente Sánchez lo que está haciendo es servir a los españoles carpaccio de socialismo. Ya es otra cosa. Ya no es insustancial, insípido, efímero sino una invitación a captar su sutileza como rocío deconstruído. Carpaccio de socialismo. Es entonces cuando nos lo cobran caro, muy muy muy caro, y perdemos la oportunidad de decir que no sabe a nada, que ha pasado por nosotros sin que lo notemos, que nos han puesto una ración muy pequeña. Si nos relajamos, nos terminan incluso regañando porque el problema lo tenemos nosotros que no apreciamos la excelencia del carpaccio y que no entendemos que a Europa le gusta que comamos carpaccio.

Lo malo de los cortes tan finos es que manda el cuchillo. La Comisión Nacional del Mercado de Valores ha dicho que Josep Borrell usó información privilegiada vendiendo acciones de Abengoa cuando sabía que iban a bajar de precio. A Borrell siempre le ha traicionado su devengo intelectual. Le sobran los indios y los que no saben la economía que él sabe. Le pasa a algunas personas muy listas. Creen que debemos conformarnos con el aroma que queda en el acero jamonero. El Ministro de Asuntos Exteriores de Sánchez ha andado distraído con la cosa de Catalunya y se le pasó lo de Gibraltar. Hasta que Iván Redondo, que sabe que la palabra trapo ensucia pero que la palabra bandera -que es un trapo pintado- incendia, dijo que no se trataba de Gibraltar, sino de España y entonces los tirantes de Fraga se han tensado como el máster de Casado y hemos resucitado el recuerdo de Perejil y Pedro Sánchez nos ha brindado carpaccio de soberanía española con dos cartas que le han escrito novios administrativos que moran en tierras lejanas. Y todos tan contentos con la nueva cocina. Porque si dices que no te gusta es que no la entiendes. Pasa con las hipótesis.

Pedro Sánchez siempre quiso ser califa en lugar del califa o cocinero en lugar del cocinero, pero en el Ferraz de Pepe Blanco, donde aprendió el arte de los fogones políticos, solo servían, apenas, carpaccio de hombre de Estado y por eso, tras una moción de censura que no pasó por las cocinas del PSOE, salta con acrobacia de la fabada a la espuma de tortilla de patata como quien hace zapping en un multicine y al final confunde las películas. A la izquierda le confunden las ideas de izquierda pero la derecha se reencuentra yéndose a sus orígenes.

Por eso Pedro Sánchez, ha tenido tantos Ministros y Ministras moleculares que se han caído de la carta porque el menú nunca estuvo bien maridado. Y nos estamos quedando con hambre y con miedo de que regresen los que comen ostras y jabugo en casa y nos dan a los españoles rancho podrido, lentejas aguadas o arroz huérfano cocido con avecrem.

Resumiendo el plato para no abusar de la cebolla caramelizada: que a Sánchez, como a toda la socialdemocracia, le falta compromiso con el socialismo, que nombró un consejo de Ministros atendiendo al relumbrón y a los equilibrios internos antes que a una idea de España comprometida de manera radical con las mayorías, y que si se le acaban los trucos le estará regalando a los corruptos del PP la oportunidad de regresar por la puerta de atrás, que es como esa cuerda de corruptos del PP controlan el Tribunal Supremo y su cortijo español. Ahora que empieza el frío nos vendría bien un poquito de comida casera, de esa que mancha el plato, y que en el menú haya raciones suficientes para las mayorías. ¿Oído cocina?