Fu-Man-Chu, Sánchez, Xi Jinpin y el oso asesino

Decía Vázquez Montalbán, que los que habían visto de pequeños las películas de Fu Manchú se les quedaba una cierta idea conspirativa de la historia. Eso en España. Si es en China, la cosa debe de ser mucho más inquietante. Cualquier empatía con ellos es poca.

Ante la visita del Presidente chino Xi Jinping, la policía española, seguro que por recomendaciones de algún diplomático astuto del Ministerio de Asuntos Exteriores forofo de Fu-Man-Chu, ha recomendado al hombre que se disfraza de Winnie the Poo en la Puerta del Sol que se tome un par de días libres, que aproveche para remendar su traje o que haga un curso de yoga intensivo para evitar los calambres ahora que viene el frío.

La razón estaría en que en China, donde las críticas no son el fuerte de la vida política, los opositores han buscado el supuesto parecido del Presidente con el osito -no con Fu Manchú- para dar rienda suelta a su voluntad revolucionaria. Malditas sociedades secretas chinas. Algún genio hispánico ha pensado que si Xi Jinping pasa por la Puerta del Sol y ve al osito puede generar un efecto parecido a cuando acribillaron al General Prim en la calle del Turco de Madrid o cuando le metieron un tiro al Presidente Canalejas mientras miraba libros en la calle Arenal.

Vamos, que cuando venga Trump, habrá que prohibir los cowboys de pelo rubio o cuando caiga por aquí Macron quitarán los playmobil y los Ken de los escaparates. Cuando vino la Merkel, que manda mucho, debieron quitar las muñecas repollo, que hace mucho que no las vemos, y cuando venga Salvini suspenderán las representaciones del Rey León no vaya a pensar que tanto africano son una indirecta.

No es que echemos de menos a Superman porque somos el país de Superlópez, pero cuando nos pasamos de castizos hasta los más sobrios y recios castellanos se sonrojan y tapan los ojos con las manos. Luego nos extrañará que a los chinos solo les podamos vender jamón y uvas. Me encantaría ver la cara de Xi Ping cuando Sánchez le diga: “tranquilo presidente. Todo controlado. No hay ya ningún Winnie the Poo en la Puerta Sol. Vía libre. No me dé las gracias que no las merecen”. Esto con los visigodos no pasaba.