Banderas que cuidan

Algunos quieren resucitar en España una guerra de banderas. En las guerras de banderas pierden todos porque nadie da nunca su brazo a torcer. Porque las banderas son símbolos. Símbolos que se ven como algo más grande que nosotros mismos. Y eso nos tranquiliza. Tienen que ver con la trascendencia. Es verdad que las banderas son telas pintados de colores y ligadas a un himno. Podrían ser de otro color y el himno podría ser otro. Pero cuando las aprendemos dejamos de pensarlas. Condensan muchas cosas. Producen una catarsis porque suman nuestros orígenes y nuestro futuro, siempre están en lo alto, se reverencian y justifican cualquier sacrificio avalado por la historia. Aunque la historia sea mentira casi siempre. Por eso, como dijo Napoleón, si pintas un trapo de colores y le pones una música, la gente irá a morir por esos trapos. Y por eso hay que enfriar las banderas para que no nos hagan olvidar las cosas importantes.

En España, la bandera republicana luchó con los aliados contra los nazis. Cada vez que condecoran a soldados españoles en Francia, en Italia o en Inglaterra es esta bandera la que ondea. Porque la otra bandera, la roja y gualda, con el escudo franquista, luchó al lado de Hitler y de Mussolini. Esa bandera está en la entrada de los museos militares y dentro, como un trofeo, está la otra, la republicana, porque perdió la guerra aquí aunque la ganó en Europa.

Con esa bandera ahora roja y amarilla nos han golpeado muchas veces. Mientras vivía Franco y cuando murió Franco. Es la bandera que siempre han llevado al Valle de los Caídos, la bandera de la Plaza de Oriente, la bandera con la que entraban a pegarnos en la Universidad, la bandera con la que irrumpen en presentaciones de libros, en manifestaciones contra el aborto. Con esta bandera nos han pegado a los demócratas teniendo cualquiera de sus símbolos. Con la corona, como pasó recientemente en Barcelona con el libro que presentaba Pablo Iglesias. Con el toro de Osborne, como ha ocurrido en tantas palizas a inmigrantes o en manifestaciones neonazis. Y con el aguilucho, claro. Con el aguilucho nos han pegado invariablemente, casi en cualquier lugar.

¿Qué tenemos que hacer con las banderas para que nos cuiden? Hace unas semanas un trabajador me regaló la bandera roja y amarilla con un escudo que ponía 900 euros. Me dijo que con el escudo de los 900 euros, la sentía un poco más suya. Porque la subida del salario mínimo ayudaba a cuidar a la gente y que eso es lo que tiene que hacer una patria. Y que además, con un salario digno, y todavía debe aumentar más, dejará de crecer en Europa la extrema derecha.

Esa bandera, con este escudo, podría estar en el balcón de gente que no tendría que saltar por la ventana porque la desahucian, en el balcón de gente que no quiere que se ahoguen inmigrantes en el mar, en el balcón de gente que quiere que vivamos fraternalmente en Madrid, en Sevilla y en Barcelona, en el balcón de la gente que quiere una democracia donde podamos decidir quién nos gobierna y quién nos representa en la Jefatura del Estado. Podrían llevarla los abuelos que pelean por pensiones dignas. Sé  que nadie va a golpear a nadie con esa bandera y ese escudo. Romperíamos maldiciones. Y así, estas dos banderas estarían mucho más cerca y discutirían entre ellas mucho menos.