Trapicheros, constitucionalistas y patriotas de mercado

Antes de Navidades, se votó en el Parlamento la Ley de créditos inmobiliarios. La apoyaron el PSOE, el PP, Ciudadanos, el PdeCat y el PNV. En esa ley se vuelve a beneficiar a los bancos y se perjudica a la ciudadanía. La misma ciudadanía a la que las inmobiliarias lleva asaltado hace décadas. No lo digo yo. Lo ha dicho la Unión Europea. Esa ley busca sortear el mandato de Europa que dice que las inmobiliarias y los bancos son en España gentes con pocos escrúpulos y muy dados a las malas artes económicas. Vamos, que se quedan con el dinero de la gente. Quizá por eso la Presidenta del Parlamento español, prácticamente el mismo día que estuvo muy graciosa en la reunión de los premios de la prensa, expulsó del Congreso, sin ninguna gracia, a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

El PdeCat decía que no quería hablar de aprobar los presupuestos porque tenía a sus presos en la cárcel. Pero como se trata de una ley que afecta a los bancos, los presos como que han salido momentáneamente de su prisión. Si alguien escribiera eso en un guión le acusarían de repetir los tópicos sobre los catalanes. Paro algún virús estaba en el ambiente. Como el que mordió al Tribunal Supremo cuando se desdijo de la decisión que cobraba a los instancias financieras los impuestos hipotecarios. Seguro que esa inspiración vino del mismo lado que ha iluminado a los conservadores catalanes.

Hay toda una discusión acerca de si las cuestiones de identidad han debilitado a la izquierda. Si la izquierda no era más izquierda cuando se dedicaba a cuestiones de clase y ahora andaría fragmentada con cuestiones feministas, ecologistas, sexuales o nacionales. ¿Y por qué no volver a encontrar el hilo rojo que une las peleas? ¿Por qué no entender las razones que unen el maltrato a las mujeres, la explotación de los inmigrantes, las libertades sexuales o la libertad nacional con las cuestiones materiales? ¿Quién dijo que había que escoger y quedarnos en nuestra pequeña burbuja? ¿Quién dijo que las nuevas peleas son también peleas de la dignidad? En las encrucijadas, un mal paso nos aleja del lugar al que íbamos.

La derecha siempre ha sido mucho más práctica. Puede agitar banderas, esencias patrias, la moral amenazada, las costumbres y la tauromaquia. Pero siempre, detrás, están los dineros. Lo material, la explotación, sigue siendo la contradicción principal porque seguimos viviendo en sociedades capitalistas. Perdón, de mercado, que suena más fino. Y las dictaduras, en todos lados, son de clase. Franco fue un ladrón, Pinochet era un ladrón. Videla era un ladrón. Y quien te dice que España primero, que las mujeres son tu enemigo, que los inmigrantes vienen a robarte casi seguro que lo que buscan es quedarse con tu dinero. Trapicheros.

En Delitos y faltas, hay un dentista canalla con mala conciencia que manda matar a su amante para que deje de darle problemas. Está su hermano, canalla y sin conciencia que es quien la asesina. Y hay un director de cine, igualmente canalla, que sabe que es un mierda pero le interesa disimularlo e incluso encarga una película a mayor gloria de él mismo. Les dejo a ustedes, como tarea de comienzo de año, adivinar quién es el del PP, quién el de Ciudadanos y quién el de VOX. Como pista dejo que los tres vienen del mismo lado. Si añadimos a Aznar, tenemos a los Dalton.

En España, ya saben: los constitucionalistas que tenemos son a la Constitución lo que los carteristas a las carteras.